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Julio César, el dictador perpetuo de Roma

Cayo Julio César forjó una carrera como político y militar que lo convirtió en uno de los celebres personajes de la historia; su muerte es uno de los asesinatos más polémicos de todos los tiempos, que inspiró una obra de William Shakespeare

Cayo Julio César es probablemente el romano más conocido, su carrera como político y como militar lo convirtió en uno de los celebres personajes de la historia universal. Su figura fue tomada como modelo a partir de su muerte; uno de los asesinatos más polémicos de todos los tiempos, que inspiró una obra de William Shakespeare.

Julio César, sobrino del general Cayo Mario, nació en Roma cercano al año 100 antes de Cristo, a los 15 años perdió a su padre y un año después, fue investido como sacerdote de Júpiter y se casó con Cornelia, hija del cónsul Cinna.

Durante su juventud, César destacó por su liderazgo e inteligencia, cuando tenía 18 años fue enviado a Asia menor en una misión diplomática; en esa época participó también en la toma de Mitilene; su primera hazaña militar.

A su regreso a Roma, Julio César desarrolló su carrera política, en una República que se veía incapaz de gestionar todos los territorios que Roma tenía bajo su control. Tras casar a su hija Julia con el emperador Pompeyo, César logró ascender en el escalafón político, fue destinado a Hispania donde sostuvo una dura campaña contra los lusitanos. Obtuvo botines a través del saqueo de pueblos y ciudades, lo que le ayudó a pagar sus campañas.

En el año 63 a.C. a su vuelta a Roma, Julio César es nombrado pontífice máximo y cuatro años más tarde, consiguió su primer consulado. Gracias a su labor diplomática y ya como una importante figura en el Senado, César funge como intermediario entre Pompeyo y Craso; los tres juntos pasaron a gobernar la República. Había nacido el primer triunvirato.

A pesar de que César ya destacaba por su inteligencia militar, a raíz del triunvirato llegaron sus grandes campañas militares. Con la muerte, en batalla, de Craso, el triunvirato se mantuvo, pero la relación entre Julio César y Pompeyo comenzó desgastarse.

Una relación desgastada entre los dos mandatarios romanos terminó por romperse tras la batalla de Las Galias, la campaña militar más famosa de César. Los romanos arrasaron con tribus y poblados enteros en busca de botines, derrotando a ejércitos galos muy superiores en número.

Tras su exitosa conquista, que se extendió hasta Britania, Pompeyo exigió a César disolver a su ejército; si el general se negaba, los romanos enviarían tropas para acabar con él. Con Julio César acorralado comenzó la invasión a Italia, donde se dice que el emperador pronunció las famosas palabras: “Alea tacta est” (la suerte está echada).

Pompeyo huyó a Grecia y esto consolidó las campañas de César, que tras la conquista de Roma fue nombrado por primera vez dictador de la República. El nombramiento representó la cúspide de una de las carreras político y militar más notables de todos los tiempos. Sin embargo, al nuevo dictador le esperaba una larga guerra civil para mantenerse en el poder.

Pompeyo murió en Egipto, traicionado por Ptolomeo, en busca de su enemigo, César viajó hasta el continente africano, donde ayudó a Cleopatra a quedarse con el poder, además se volvieron amantes y engendraron un hijo. Camino a Roma, el dictador romano conquistó el Reino del Ponto al vencer a Farnaces II en la batalla de Zela, donde se dice que César pronunció las palabras: “Veni vidi vici” (llegué, vi, vencí), por la rapidez de la victoria.

La causa pompeyana no desapareció con la muerte del emperador, sus hijos comandaron una larga guerra civil en varios territorios conquistados por los romanos. César ganó la guerra civil, pero sus partidarios comenzaban a cambiar de bando, pues su nombramiento como dictador perpetuo, en el 44 a.C., encendió las alarmas de toda la República.

Sus seguidores y comandantes planearon la muerte del dictador. El atentado tuvo lugar el 15 de marzo durante una sesión del Senado, César fue asesinado a puñaladas en el año 44 a.C., y su cuerpo terminó tirado a los pies de una escultura a Pompeyo.

Con la muerte de Julio César los asesinos no lograron unificar la República, la figura de un líder para Roma estaba forjada y el fin del periodo conocido como “La República Romana”, era inminente.

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