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Vacaciones frenéticas: claves para desacelerar

¿Disfruta de las vacaciones o las sufre? A veces, el exceso de planificación y de actividades hace que los periodos de descanso se conviertan en etapas de estrés, aseguran los especialistas, que explican cómo “quitar el pie del acelerador” durante las semanas en las que hacemos un paréntesis en nuestra actividad habitual

El calificativo de “frenético” (agitado, acelerado, ajetreado, febril, desenfrenado…) suele ser apropiado para ciertas etapas o momentos de nuestra actividad laboral o de estudios a lo largo del año, pero debería estar totalmente fuera de lugar durante las vacaciones, unas semanas habitualmente dedicadas a desconectar del ritmo vertiginoso, a divertirse y a descansar.

Sin embargo, el “turismo frenético”, aquel que llena la agenda de actividades, experiencias o visitas, sin tiempo para detenerse, convirtiendo las vacaciones en otro nuevo periodo de estrés, no solo es una realidad, sino que además va ganando cada vez más terreno, según los investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), en Barcelona, España.

“Aunque no se puede generalizar, siempre ha habido cierto ánimo exhibicionista en la práctica del turismo. Los álbumes de fotos de los viajes, en especial los de los novios, probablemente tenían ese propósito en algunos casos”, asegura Pablo Díaz, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC (www.uoc.edu) y especialista en turismo.

Ahora “la tecnología y las redes sociales han multiplicado este efecto, y hay ciertos grupos de turistas que pueden sentir la obligación de hacer cosas, viajar y darlas a conocer”, añade este experto.

Muchas actividades en poco tiempo

Aunque este comportamiento todavía carece de una denominación específica, según el profesor Díaz, podría estar relacionado con el FOMO (‘Fear Of Missing Out’, en inglés): “el temor a perderse algo”, o con el FOEN (‘Fear Of Exhibiting Nothing’): “el miedo a no exhibir nada”.

Por su parte, Sylvie Pérez, profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, considera que nos cuesta “parar y desconectar” incluso cuando estamos de vacaciones, “porque vivimos en un bucle de querer tenerlo todo controlado y planificado, pero, paradójicamente, cuanto más controlado lo tenemos, más estrés genera”.

Otro factor que puede favorecer el “turismo frenético”, según Pérez, es que en general “nos cuesta disfrutar del proceso, en este caso, hacer turismo, y solo queremos el producto final, y cuando lo conseguimos, queremos demostrar nuestro logro a las otras personas, por ejemplo, a través de una foto tomada en la capilla Sixtina o en la cima de una montaña”.

“Durante las vacaciones tendríamos que levantarnos y decidir primero si nos apetece desarrollar alguna actividad ese día y, en caso afirmativo, decidir en ese momento qué nos gustaría ver o hacer”, reflexiona Pérez.

Pero se ha llegado al punto de que, si optamos por el descanso, nos sentimos mal o los demás nos provocan este sentimiento con preguntas como “¿y dices que no has hecho nada durante estas vacaciones?”, añade la profesora de la UOC.

Según el profesor Díaz, el “turismo de muchas visitas a diferentes sitios en poco tiempo es una práctica extendida”, aunque “puede haber grupos de población más intensos en estas prácticas de frenesí activo, como es el caso de los ‘millennials’”, es decir, los nacidos entre las décadas de 1980 y 1990.

La profesora de Psicología Sylvie Pérez añade: “Cuando estás de vacaciones, acabas compartiendo tus fotos ‘para no quedarte desplazado’. Por eso se ven tantas fotos de pies en la playa en verano. Son para demostrar a los demás que tú también estás de vacaciones y haces cosas”, apunta, con un toque de humor.

Recomendaciones para un turismo “más lento”

La profesora Pérez destaca la tendencia a efectuar un turismo lento y desconectado, que ha surgido como contrapartida del “turismo frenético”, pero admite que desacelerar y desconectar “no es algo que se consigue en un solo día, sobre todo cuando se trata de vacaciones largas”.

“Si tienes un mes de vacaciones, quizás necesites dos o tres días para entender que entras en otro tipo de ritmo”, señala.

Esta psicóloga aconseja, además: “Antes de tomarse unas vacaciones, ya sean cortas o largas, solo planifique aquello que realmente está entusiasmado por visitar”.

Para el resto de las vacaciones, Pérez aconseja “autoobligarse a improvisar y disfrutar de dicha improvisación”.

En todo caso, lo que sí es importante planificar es la vuelta a la rutina después de las vacaciones, para que no se produzca “de hoy para mañana” y, en caso de que la “reentrada” al trabajo, los estudios y las actividades habituales sea brusca, “habrá que asumir que se pasarán dos o tres días de cierto malestar”, explica.

Pérez también sugiere “disfrutar del proceso de planificación evitando que sea excesivo; establecer un consenso sobre qué entendemos por vacaciones dado que su disfrute depende en gran medida de las expectativas que tengamos; reservar momentos para lo que es importante para cada uno de quienes vacacionan juntos, y no sucumbir al FOMO”.

Moverse para desconectarse

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