Mañana se conmemorará una vez más el Día de la Libertad de Expresión; y en este contexto ─seguramente─ escucharemos, en los niveles nacional y local, bonitas y elocuentes palabras de la clase política … frases como “La libertad de expresión es indispensable en una sociedad democrática” o “en mi administración no se limitará la libertad de expresión”…
Mañana, quizá, habrá festejos en los que diversas autoridades compartirán el pan con periodistas, harán rifas, y probablemente brindarán y habrá charlas amenas…
Mañana, a lo mejor, el Gobierno federal anunciará oficialmente ─porque así lucirá más la medida─ lo que había anticipado hace varias semanas: que destinará el 25 por ciento del presupuesto de publicidad oficial a un fondo para brindar seguridad a periodistas…
Mañana, a lo mejor, legisladores locales o federales anunciarán iniciativas para proteger a los periodistas…
Mañana, los políticos que ya fueron legisladores aparentarán que nunca sostuvieron reuniones en su momento con reporteros en las que se comprometieron, por ejemplo, a promover modificaciones en su beneficio a la Ley Federal del Trabajo… y los que fueron locales habrán olvidado también que sus iniciativas fueron pura faramalla…
Mañana, los organizadores de estas celebraciones olvidarán o ─peor aún─ se valdrán de las cifras de periodistas asesinados en el país, para destacarse a sí mismos como garantes de las libertades de expresión y de prensa…
Mañana los festejadores olvidarán sus discursos de odio hacia los periodistas…
Mañana los agasajadores desconocerán las veces que han negado entrevistas a los reporteros para no hablar de temas incómodos; las ocasiones en que han preferido realizar eventos sin convocarlos, solo para no lidiar con ellos; los momentos en que han pretendido que les den las preguntas con anticipación para preparar sus respuestas; las situaciones en que los han acusado con sus jefes por hacer los cuestionamientos que necesariamente debían hacer, o cuando han pedido sus cabezas…
Mañana, los celebrantes retomarán las condenas al dirigente nacional del PRI por haber dicho que a los periodistas no hay que matarlos a balazos, sino de hambre; y ─antes de que cante el gallo─ negarán tres veces haber calificado a la ligera como “chayotero” a un o una periodista…
Mañana, los promotores de la conmemoración fingirán que nunca han intentado amedrentar a un periodista o comprar una línea editorial; y que aquí en Querétaro los Miguel Ángel Vichique, Abel Magaña, Estela Valenzuela, etc., y sus respectivos jefes son solo parte de una historia oscura que nunca más se ha vuelto a repetir en la entidad…
Y mañana los periodistas, en lugar de levantar una copa y brindar por la libertad de expresión, deberemos hacer un examen de conciencia sobre las veces en que le hemos negado a la sociedad el derecho a exponer su punto de vista; las que hemos escrito una nota con el palabrerío de un político, a sabiendas de que falta a la verdad; las que nos hemos dejado amedrentar; las que hemos tenido miedo; las que nos hemos conformado; las que hemos callado ante una injusticia; las que no hemos peleado ni defendido nuestros principios; las que nos hemos sentido derrotados…