Regreso a clases

Debería haber un refrán que diga: “No hay espera que dure 100 años”. Por fin, con pandemia y todo, el regreso masivo a clases presenciales es inevitable para muchas instituciones educativas en el estado.

Cuando los menores ingresan por primera ocasión a la escuela, es muy común verlos emocionados y contentos, pero también es frecuente observar madres angustiadas y niños en pleno llanto porque no quieren quedarse ni separarse de quien los ha llevado. Quizá pueda ser el temor a la escuela, pero generalmente se trata de una angustia de separación y desprendimiento, principalmente a la figura materna. Esto puede durar un par de días hasta que el menor se habitúa, pero también puede ser el inicio de una serie de síntomas somáticos y psicológicos.

Actualmente, la población infantil y adolescente escolar está constantemente expuesta a vivir con altos niveles de estrés psicológico por la pandemia, dada las actividades que han realizado en el confinamiento, alejados de las rutinas, relaciones sociales, actividades deportivas, comunicación directa y aprendizaje presencial, que sirven como protectores y reforzadores de su madurez emocional, social y cognitiva. Acudir a la escuela es mucho mejor que estudiar desde casa, es una manera de restablecer un equilibrio en su salud mental, sin embargo, al no ser función del ámbito escolar, hay serias dificultades para detectar en los infantes estados de soledad, ansiedad, depresión, violencia y otros conflictos psicológicos adquiridos en casa durante el tiempo de pandemia. Quizá lo más evidente será la obesidad en muchos escolares.

No ha de bastar el hacer segura la escuela, tal como lo establece el acuerdo oficial para el programa “La escuela es nuestra” (DOF. 21 de enero 2021). Son importantes las estrategias de salud mental para apoyar el desarrollo socioemocional, ya que es un derecho constitucional. Me enfocaría en la detección de estados ansiosos y depresivos, situaciones de duelo en proceso, acoso y violencia (en el hogar, escuela y en redes sociales), y, por supuesto, la presencia de conductas adictivas y suicidas. El detalle significa que, repito, las instituciones educativas no están preparadas para ofrecer un servicio que no tienen reglamentado. A la pregunta “¿cómo van a responder los padres y autoridades ante este tipo de problemáticas infantiles?”, no siempre se tendrá una respuesta clara.

El trabajo debe ser colectivo, apoyado por profesionales de salud mental, para que se construyan estrategias y acciones dirigidas a fortalecer las habilidades de autocuidado, la vida nutricional saludable, la convivencia con una cultura de paz, un soporte emocional que incluya la autorregulación, la gestión emocional y la permisibilidad de sus emociones en espacios protegidos.

Existen técnicas como las de implementar un diario para llenar en casa al final del día, a fin de hacer una reflexión escrita o gráfica sobre la experiencia emocional vivida, elaborar un listado de las acciones de autocuidado para los días de la semana. Estas tareas se pueden implementar en concordancia con otras actividades inherentes a las programadas en el ciclo escolar, como son el ejercicio, el deporte y las actividades culturales. Los padres bien pueden aprovechar para inducir el control del uso del celular, los videojuegos y el apoyo en el hogar.

Termino esta nota para resaltar lo importante de la comunicación cara a cara, lo que incluye la expresión de las emociones en lo que se dice y el reconocimiento del otro en esas miradas naturales que se encuentran al hablar y escuchar.

Que tengan un buen regreso a clases.

* Psicólogo clínico (UAQ), coordinador de área en Salud Mental y Psicológica de IXAYANA y psicólogo clínico adscrito al Hospital General Regional del IMSS-Querétaro. Ver otras colaboraciones de Saber de-mente.