Diez retos sociales, tecnológicos y políticos (parte 4)

Llorente y Asociados, una casa consultora hispana, encomendó a los investigadores Roger Montañola e Ignasi Belda la tarea de identificar y evaluar los mayores 10 retos sociales, tecnológicos y políticos de la humanidad, con miras al futuro cercano. Uno de estos retos es el que a continuación abordo.

El reto de alimentar a 9 mil millones de personas

De acuerdo con Worldometer, un sitio web de divulgación estadística, el martes pasado, a las 15:00 horas, la población mundial consistía -para decirlo en términos precisos- de 7 mil 913 millones 399 mil 581 personas. De acuerdo con la misma fuente, en el 2023 llegaremos a los 8 mil millones; en 2037, seremos 9 mil millones y, si las tendencias de crecimiento poblacional no cambian, en 2057 habremos arribado a la cifra mágica de 10 mil millones de habitantes.

Resulta claro que el aumento de población se ha disparado en las últimas décadas. Comparativamente hablando, mientras que en 1804 la humanidad entera constaba de mil millones de individuos, tuvieron que transcurrir 126 años para llegar a los 2 mil millones, en 1930. Sin embargo, en solo 13 años pasamos de los 4 mil millones que éramos en 1974 a los 5 mil millones de 1987.

Si bien en el siglo 18 se registró un crecimiento exponencial de la agricultura y la ganadería, ambos recursos -vitales para alimentar a la población global- están llegando al límite. De ahí la necesidad de recurrir a innovaciones disruptivas para alimentar a las 9 mil millones de bocas que seremos en el futuro cercano. Una de las alternativas más promisorias es empezar a criar -a gran escala y de manera intensiva- insectos para el consumo humano. De acuerdo con Montañola y Belda, la proteína de las termitas, las orugas, los chapulines, las moscas, las arañas y los gorgojos es de más calidad que la de la carne de pollo, cerdo, cordero o vaca, pues los primeros carecen casi por completo de grasa. Otra de las ventajas de los insectos es que estos no son transmisores de enfermedades o parásitos a los seres humanos, aunque también es cierto que la ingesta de algunos de estos puede ser fuente de alergias.

Otra alternativa viable de alimentación para la población mundial es la llamada carne artificial. Gracias a los avances de la biotecnología, resulta ya posible el cultivo celular en vitro de carne vacuna para elaborar hamburguesas. Siguiendo una técnica similar, se podría producir también carne de pollo de manera artificial.

Si aprendemos a comer carne artificial, automáticamente reduciríamos el número de hatos de ganado vacuno, con el consecuente descenso del calentamiento global, ya que cada res libera entre 113 y 189 litros de metano al día a través de su tracto digestivo. Como es bien sabido, el metano es uno de los gases responsables del efecto invernadero. Finalmente, la agricultura protegida (es decir, el cultivo hidropónico en invernaderos) es una alternativa promisoria a la producción agrícola a cielo abierto, con el consecuente ahorro del elemento agua, que es el recurso natural más preciado, por la sencilla razón de que la vida humana, animal y vegetal sería imposible sin ella.

Fuente bibliográfica: “10 retos sociales, tecnológicos y políticos de la humanidad: una visión regulatoria” (2020). Madrid: Llorente y Asociados.