Jueces usurpadores

Una de las misiones del psicólogo forense en la impartición de justicia para ilustrar, asesorar y aportar conocimientos al juez es la de convertirse en auxiliar o colaborador de la administración de justicia. Al hacer uso de la psicología para el derecho, se está vinculando con la toma de decisiones judiciales, donde destacan roles como auxiliar perito, interpretador de conductas, imputabilidad, detector de mentiras y psicoterapeuta, entre otros. Esto permite cumplir con las normas que la estructura judicial tiene como soporte. Esto es, psicología y derecho analizan la necesidad de introducir dentro de la normativa, y el proceso de construcción y modificación de esta, aspectos de carácter psicológico, como por ejemplo, la salud mental, el desarrollo infantil, las etapas o ciclos de la pareja, la demencia, la violencia, las preferencias sexuales, entre otros muchos aspectos conceptuales.

El papel relevante de la psicología en el ámbito del derecho penal, civil o familiar ha sido tomado muy en cuenta por los jueces a la hora de dictar sus resoluciones. Ellos mismos han tomado como auxiliar de sus funciones al perito en psicología, al cual podemos identificarlo como: “Persona que, poseyendo determinados conocimientos científicos, técnicos o prácticos, informa, bajo juramento, al juzgador sobre puntos litigiosos en cuanto se relacionan con su especial saber o experiencia” (Diccionario de la Real Academia Española).

Así, considerando las responsabilidades de un juez, que implican cumplir con sus obligaciones de sancionar determinados delitos, ordenar y resarcir patrimonialmente los daños producidos por un actuar doloso, determinar culpa grave de una persona o señalar el desconocimiento del derecho en un litigio familiar; se está cumpliendo con una resolución de los conflictos en la sociedad y que cumple su actuar de forma imparcial, pronta, completa, expedita y gratuita. Por ello, se le reconoce su valioso trabajo, aunque no está exento de cometer errores.

Un error judicial puede presentarse al dictar sentencia o por algún procedimiento que puede ser impugnado. Si bien el derecho puede tener una solución clara al caso que se plantea, el juez puede tomar decisiones que no le competen o en las que no es experto, como es el caso de intervenir en el actuar del perito en psicología.

Suele pasar que si se equivoca el juzgador en alguna materia, es porque se le permite mucha libertad para dictarla. Sin embargo, no hay ningún tipo de sanción, puesto que ellos se escudan diciendo que hay recursos para combatirla y que las partes no se quedan en estado de indefensión. Los errores judiciales también se pueden cometer en la elaboración de una sentencia mal redactada. Muchos jueces presentan dificultades al momento de entrevistar niños, al lidiar con partes que no tienen una buena representación legal, al dirigir audiencias improvisadas o cuando se involucran a la vez psicólogos y abogados institucionales y particulares.

Cuando un juez actúa fuera de su competencia profesional, incursiona en un área relativamente nueva para él, como es el caso de la función de los peritos psicólogos y psicoterapeutas. Solo el profesional de la psicología podrá plantear la cantidad de sesiones y el enfoque de terapia que la persona pudiera recibir. El juez no es el experto en terapia cognitivo conductual o en el enfoque sistémico para ordenarla a las personas involucradas en asuntos de violencia o custodia. También, bajo qué argumentos el juez decide que una persona o pareja deban tomar o no una terapia psicológica como parte de su sentencia. Lo peor del caso ocurre cuando pide al perito confirmar un determinado trastorno mental sin tener una evaluación científica previa.

El trabajo del perito en psicología se ha vuelto complicado, laborioso y costoso, por la intervención usurpadora de algunos jueces.

* Psicólogo clínico (UAQ), coordinador de área en Salud Mental y Psicológica de IXAYANA y psicólogo clínico adscrito al Hospital General Regional del IMSS-Querétaro. Ver otras colaboraciones de Saber de-mente.