La conducta suicida… más cerca de lo que se piensa

Diana Ivette Garfias Medina, presidenta del Colegio Estatal de Psicólogos de Querétaro (Coepsique), aseguró que en el estado de Querétaro no se conocen públicamente estadísticas actuales sobre los intentos de suicidio, ya que estos solo fueron registrados hasta el 2005

A sus 52 años, Rafael ha intentado quitarse la vida dos veces. La primera, recordó, fue hace dos años, cuando tomó alrededor de 90 pastillas de medicamentos; la segunda ocurrió hace un mes y medio, ocasión en la que consumió una cantidad mayor de tabletas que la primera vez. En ambos momentos, dijo, tuvo que ser hospitalizado.

Su primera estancia en el hospital fue por dos días, pues había quedado semiconsciente. Refirió que, al regresar de la sierra a su casa, cerca de 24 horas después de consumir las pastillas, estas hicieron efecto, por lo que su esposa e hija decidieron llevarlo al nosocomio. Tras recobrar el conocimiento, sin ninguna afectación en sus sentidos y movilidad motriz, solo estuvo en reposo una semana.

“Tuve una enfermedad de la vejiga y una enfermedad del riñón, pero fuera de eso, no tuve mayor problema para recuperarme”, señaló.

Pero su segunda hospitalización se debió a una situación más grave, ya que, luego de consumir más de 90 tabletas, los médicos le indicaron a su esposa que tenía un 80 por ciento de probabilidades de perder la vida por el grado de intoxicación en el que se encontraba y sus neuronas estaban a punto de colapsar; incluso, expuso, se hablaba de inducirle un coma, pero su pareja no estuvo de acuerdo con ello.

“Me decía el traumatólogo que había sido un milagro, porque, dice: ‘Yo nunca había visto una persona que, con esa dosis tan alta de medicamentos, con esa depresión tan grande, saliera tan rápido’, porque yo entré en una crisis de neumonía por haber estado expuesto al frío durante tantas horas antes de que mi familia se diera cuenta de que yo estaba inconsciente. (…) Desperté en ocho días, ellos me desintubaron al cuarto día de que estuve ahí y, pues, tuve una recuperación muy rápida”, indicó.

Actualmente, señaló, además de padecer diabetes tipo 2, enfrenta episodios de artritis reumatoide, por lo que realiza ejercicios de meditación y yoga. Añadió que además ha recibido atención en el Centro Estatal de Salud Mental, donde también le han dado recomendaciones que van desde una sana alimentación hasta las referentes a un proyecto de vida.

De abusos y depresiones

Aun cuando Rafael lleva a cabo actividades para hacer frente a su situación, a lo largo de su vida, recordó, ha tenido capítulos de depresión “que están un tiempo y luego se van”. Desde pequeño, sufrió golpes por parte de su abuelo materno, además de ‘bullying’ en la escuela por su sobrepeso y timidez.

“Mi madre, que ya falleció hace unos años, tenía una casa de huéspedes y aparte yo asistía a una casa de huéspedes donde me cuidaban unas personas de la tercera edad. Ahí también tuve varios, pues, asaltos de acoso de tipo sexual, de tipo verbal; incluso, algunas persecuciones por personas masculinas, en específico fueron dos personas: uno, en la casa en donde yo vivía, que era con mi madre, y otro, en la casa donde me cuidaban. Desde ahí mi carácter se empezó a volver más introvertido”, narró.

Al llegar la adolescencia, sobre todo al terminar la preparatoria, los cambios en su personalidad fueron más evidentes. Relató que, luego de terminar con una novia que tuvo a esa edad, presentó apatía, pérdida de interés y episodios fuertes de depresión. Acotó que los padecimientos desaparecieron con el tiempo; sin embargo, a su regreso a Querétaro, luego de trabajar fuera de la ciudad, hubo personas que lo desconocieron.

Después, refirió, llegaron los hijos; no obstante, tras problemas familiares, crisis existenciales y dificultades con un negocio que estableció en Cerrito Colorado, sufrió un desmoronamiento de su persona. Aunado a lo anterior, su madre falleció hace cuatro años y, aunque ambos se perdonaron diferentes situaciones, no llevó un duelo.

“Tengo que dar gracias porque tengo todos mis sentidos más despiertos que antes. Tengo mis tres ángeles que me cuidan aquí en casa, que son mis hijos y mi pareja, pues no falta nada: tengo un techo, tengo alimento, tengo paz, tengo calma, tengo un espacio para hacer mis ejercicios mentales y demás. Creo que tengo de más”, sostuvo.

Suicidio, “muerte violenta” más cerca de lo pensado

En el estado de Querétaro no se conocen públicamente estadísticas sobre los intentos de suicidio, ya que estos solo fueron registrados hasta el 2005, dijo la presidenta del Colegio Estatal de Psicólogos de Querétaro (Coepsique), Diana Ivette Garfias Medina, quien precisó que los suicidios consumados se registran desde el 2012 como muertes violentas, por lo que, en tanto defunciones en general, los municipios de Querétaro y San Juan del Río son los que más decesos registraron en 2019, con 6 mil 143 y mil 856, respectivamente.

El panorama de la salud mental en los adolescentes y jóvenes no parece ser muy halagador para los próximos cinco años, agregó, pues dados los factores de riesgo que se encuentran en casa y en la escuela, que fecundan conflictos y trastornos psicológicos, y que estarán acompañados de un déficit de habilidades sociales, cognitivas y emocionales, hará difícil una recuperación mental.

En el país, expuso el vicepresidente de la Federación Nacional de Colegios, Sociedades y Asociaciones de Psicólogos de México, AC, Luis Jesús Sandoval Quintero, no existe una campaña nacional de prevención del suicidio, pero sí una reestructuración de los servicios de salud mental, donde se alinean las políticas de Atención de la Salud Mental de México con algunas líneas dictadas por la Organización Mundial de la Salud.

Subrayó que el suicidio tiene un abordaje complejo, ya que es multicausal y se abordan las diferentes causas. Destacó que, en este tema, lo importante es hacerlo presente de manera clara y estructurada, para que se comprenda que no es algo ajeno o lejano a la población, sino que está más cerca de lo que se piensa.

El psicólogo Juan Carlos García Ramos, miembro de Coepsique y estudioso del tema, explicó que el estrés derivado de exigencias cada vez mayores en la familia, la falta de dinero, dificultad para equilibrar la vida laboral y personal, situaciones de violencia sexual y laboral, además de estados de depresión y ansiedad favorecen el desarrollo de una conducta suicida.

Por ello, resaltó, es importante no estigmatizar a una persona que habla de querer morirse o que ha tenido un intento suicida. Destacó que la mejor forma de ayudar es ser empático y escuchar a la persona que sufre, así como acompañar o acudir con especialistas en salud mental para recibir ayuda profesional.