La figura de Michael Myers como representación de la maldad

Andrea Urbiola Ezcurra

Llegó el otoño y con él, la mejor parte del año. Septiembre no se trata solo de las fiestas patrias: para algunos de nosotros es la antesala para el día más esperado de todo el año: Halloween, el día del terror. Para los aficionados del género, septiembre es el mes en el que empezamos a preparar el maratón de terror que disfrutaremos en octubre. Personalmente, mi lista va variando año con año, sin embargo, hay una película que jamás he dejado de lado y con la que inicié mi eterno amor por este género: “Halloween”, de John Carpenter. Así es, aquel ‘slasher’ “simplón” de un tipo con una máscara blanca y un cuchillo, que asesina adolescentes y acosa, por una razón a la fecha misteriosa, a una de las ‘final girls’ más memorables de la historia del cine, Laurie Strode, interpretada por una joven Jamie Lee Curtis.

El hecho de que Michael Myers sea uno de los villanos más respetados en el cine, no es fortuito. John Carpenter, con un presupuesto de apenas 325 mil dólares, logró construir una narrativa tan simple y a la vez muy aterradora en torno a un misterioso hombre que mata sin ningún motivo aparente, teniendo como trasfondo de su perfil psicológico únicamente la secuencia inicial en la que vemos, a través de los ojos del niño Myers, el terrible asesinato del que fue autor y que lo llevó a ser encerrado por muchos años. Michael Myers es un asesino del que no conocemos más que “es la misma encarnación de la maldad”, dicho por su psiquiatra, el Dr. Loomis.

Un asesino sin motivación aparente, usando una máscara blanca -que en realidad es una máscara del Capitán Kirk de “Star Trek” sumergida en pintura blanca- acompañado del memorable sonido de teclado, compuesto por el propio Carpenter, y un manejo de profundidad de cámara que nos lleva de la mano en un recorrido de puro suspenso, dan como resultado una de las películas más terroríficas de la historia y precisamente su sencillez narrativa es lo que la hace una de las más grandes obras del arte cinematográfico. No por nada fue la película independiente más taquillera de la historia, recaudando cerca de 47 millones de dólares, hasta la llegada de “El proyecto de la bruja de Blair”.

En la actualidad, especialmente en el género del terror, vemos a los creadores haciendo grandes esfuerzos por meter a la audiencia en un laberinto narrativo del que muchas veces no la saben sacar y, cuando lo logran, lo hacen con varios huecos argumentales de por medio, lo cual, lejos de asustar al espectador, simplemente lo deja confundido.

Con “Halloween”, vimos el nacimiento de una leyenda, ¿acaso hay un asesino serial más famoso en el cine que Michael Myers? Me aventuro a afirmar que es incluso más popular que sus colegas enmascarados: Jason Voorhees o el sanguinario Leatherface.

El impacto cultural del filme de Carpenter no solo se reduce a su generación, ha ido avanzando con cada una de las que le han seguido. ¿Pero qué es lo que ha hecho que el impacto sea tal? Aunado al hecho de que logra retratar de manera perfecta el ‘hype’ en torno al Halloween en Estados Unidos, podemos decir que el argumento toral de la película es la maldad. Lo malvada que puede llegar a ser una persona sin ninguna justificación. Uno de los grandes misterios de la humanidad: ¿la maldad es inherente o es adquirida?, pregunta para la que probablemente nunca tendremos respuesta, sin embargo, seguimos viendo películas de terror, a pesar de las horas de incomodidad que pasamos, porque seguimos queriendo entender un poco más de ese concepto tan hablado, tan común pero a la vez tan misterioso.

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