Cómo suavizar una conversación difícil

La autora británica Kathryn Mannix acaba de publicar un avance de su libro “Cómo expresar las palabras correctas en conversaciones delicadas” (“How to find the words for tender conversations”) en el diario “The Guardian”, el cual saldrá a la venta el 16 de septiembre.

Mannix es una prestigiada doctora, especializada en pacientes con enfermedades terminales, y en esta obra compartirá algunas recomendaciones de cómo abordar una conversación difícil, surgidas de las innumerables ocasiones en las que ha tenido que sentarse a dialogar con sus pacientes próximos a la muerte.

En mi experiencia como consultor -y además comunicólogo-, puedo dar fe de que las conversaciones son una de las maneras más efectivas para mantener o reparar relaciones, ya que nos dan la oportunidad de manifestarle a la otra persona cómo pensamos y sentimos, al mismo tiempo que abrimos la posibilidad de que él o ella haga lo propio. Sin embargo, es también claro que una conversación mal llevada no solo puede dañar una relación, sino conducirla a un final atroz o inesperado.

El primer consejo de Mannix es que, en vez de etiquetarlas como conversaciones difíciles, las llamemos mejor conversaciones delicadas, para enfrentarlas así con un mejor talante. Su segunda recomendación es invitar al interlocutor a dialogar sobre el tema, en vez de soltar de sopetón bombas como “creo que sería mejor terminar nuestra amistad”. Por ejemplo, podríamos empezar expresando: “Tengo la impresión de que las cosas no están saliendo tan bien como quisiéramos”, o lanzando la pregunta: “¿Cómo te sientes sobre las diferencias que hemos tenido recientemente?”. Además, tratándose de una invitación, el otro podrá sentirse en la confianza de responder: “No quiero hablar ahora al respecto” o “de momento no me siento preparado”.

Otra de las sugerencias de Mannix es que, una vez iniciada la conversación, no tenemos que finalizarla ese mismo día y bastará concluir el primer encuentro con un “Qué bueno que ya empezamos a hablar sobre cómo nos sentimos, ¿cómo ves si le damos otra avanzada la semana entrante?”.

También nos resultará mejor llegar con banderita blanca, ya que no es lo mismo decir “¡ya sabía que alguna vez me ibas a reclamar por esto!”, que expresarle “por supuesto que me interesa saber lo que tú opinas al respecto”.

Cabe recordar que una conversación no solo consiste en lo que tú y yo tengamos que decirnos sino en la manera en que nos lo decimos, pues es muy posible que en un determinado momento empiecen a fluir las emociones. Si, por ejemplo, vemos muy alterado a nuestro interlocutor, podremos decirle con suavidad. “Entiendo tu enojo” o “supongo que hablar de esto no te resultará fácil”, en vez de endilgarle un “¿pero qué te pasa?, ¡por qué te pones así!”. Otro ‘tip’ importante es respetar los espacios de silencio de la otra persona. En vez de apresurarnos a llenarlos de palabras forzadas, será mejor dejarla que encuentre la mejor manera de expresarse.

Cuando el intercambio llegue a su fase final, habremos de esforzarnos en que termine en los mejores términos. Si esto no fuera posible y surgiera el desacuerdo, convendrá darle las gracias de cualquier manera: “Aprecio tu franqueza y te agradezco tu tiempo, ya habrá una mejor ocasión en que nos volvamos a encontrar”.