Experiencias que rompen esquemas: atención psicológica a familiares y pacientes COVID

Las psicólogas Tania González y Angélica Castro coincidieron en que los problemas que se han detectado con los usuarios son variados y entre ellos se encuentran situaciones de angustia, miedo, ansiedad y duelo, pero también han identificado eventos de rechazo o estigmatización hacia quienes padecen o padecieron coronavirus

La pandemia de COVID-19 no solo ha trastocado la manera en la que solían desarrollarse las actividades cotidianas, sino que también ha cimbrado las estructuras de las personas -se trate de quien se trate- y su forma de ver el mundo. En pocas palabras, la enfermedad provocada por el virus SARS-CoV-2 ha alcanzado tales dimensiones que se ha hecho posible aquello que la gente, en un contexto previo, ni siquiera imaginó.

Tal es el caso de Tania González y Angélica Castro, psicólogas que laboran en el programa de atención psicológica para familiares y pacientes con diagnóstico de COVID-19, implementado por la Secretaría de la Juventud (Sejuve), quienes desde el ámbito profesional en el que se desenvuelven, han conocido casos que, reconocieron, han movido sus estructuras y roto sus esquemas.

“Covid llega por sorpresa a una pareja y los dos se encuentran enfermos, de pronto con cierta gravedad la esposa, pero esta comunicación entre pareja, como muy clara, muy honesta, y llega un punto en donde se despiden con mucho amor, respeto y aceptación por lo que está pasando; el señor cobijado por la familia y muy enfocado en la vida, porque sabe que en algún momento va a volver a encontrarse con su esposa. Cosas como esas sí han cimbrado mi estructura”, narró Tania, a propósito de una situación que atendió.

Angélica, por su parte, relató: “Fue un hombre joven que había perdido a su papá. Cuando yo hice el contacto, lo escuché muy enojado. Me atendió relativamente enojado. Le explico un poquito cómo funciona la dinámica y me dijo: ‘¿Sabes qué?, sí, sí lo necesito, porque me están entregando a mi papá en este instante y estoy muy enojado’. Entonces, jamás pensé que pudiera agarrar a una persona cuando le estaban entregando las cenizas de su familiar. Me quedé ahí y lo escuché, escuché todas las quejas hasta que se rompió, literalmente escuché un llanto muy doloroso, y esos 10 minutos no dije nada, nos quedamos en silencio solamente con esos sollozos. Hasta que después me dijo: ‘¿Sabes qué?, ya estoy más tranquilo, gracias’.

“Me explicó un poco de: ‘Mira, tengo que hacer todos estos esquemas’, en realidad sabía que se estaba explicando él mismo, yo nada más estaba siendo un oído, una escucha. La llamada duró alrededor de unos 20 minutos, 30, tal vez. Se despidió de mí, me dijo: ‘Muchas gracias, ahorita no requiero el seguimiento por la complejidad de cosas que tengo que hacer ahorita. Me voy a comunicar después con la línea, porque sí me hace falta, porque sigo enojado, pero creo que ya puedo pensar con más claridad’. Terminamos la llamada y yo todavía me quedé pensando en todo esto, porque no había dimensionado lo grande que era ya mover un cuerpo, ya no hacer las misas o los rituales que se hacían después y que solamente los entreguen de una forma tan impersonal; jamás había pensado hasta ese momento, hasta esa llamada”.

Una atención disponible

Tania González y Angélica Castro colaboran en un mecanismo que, de acuerdo con Itzel de la Peña Lozano, coordinadora de Innovación en Gestión Emocional de la Sejuve, inició sus labores el 27 de marzo de 2020, con el objetivo de dar atención psicológica a familiares y pacientes positivos a COVID-19 a través de llamadas telefónicas, para conocer el estado emocional de las personas.

En este sentido, González agregó que, para contactar a las personas y ofrecerles la atención, el Departamento de Epidemiología estatal les proporciona un listado con sus datos básicos. Una vez que se hace la llamada y se les explica el procedimiento para acceder al servicio, si los usuarios aceptan, se les brinda la primera sesión, o bien, se programa una cita; sin embargo, acotó, en algunas ocasiones la gente solo toma el número y se le hace patente que el recurso existe y está disponible para cuando lo requiera.

“Tenemos una tasa de, por ejemplo, si en una lista tenemos 50 personas, alrededor de entre 10 y 15 automáticamente dicen: ‘sí, ¿sabes qué?, me he sentido mal’, ‘oye, sabes qué, no sé qué siento, siento algo raro, como que me siento muy ansioso, pero no sé qué es; entonces, me gustaría que me ayudaras a identificar qué es lo que siento, cómo lo puedo manejar, cómo lo puedo afrontar’”, añadió Castro.

Ambas psicólogas coincidieron en que los problemas que se han detectado con los usuarios son variados, sin embargo, entre ellos se encuentran situaciones de angustia, miedo, ansiedad y duelo, pero también han identificado eventos de rechazo o estigmatización hacia quienes padecen o padecieron coronavirus.

“Sí hay lugares en donde, de pronto, es como este estigma de ‘fuiste contagiado’ y, entonces, hay esta respuesta social. Hay que ser como muy cuidadosos, seguir con esta parte de informando y formando o sensibilizando a las personas para para evitar estas respuestas que, lejos de ayudar, pues, generan, pues, otro tipo de problemas que desencadenan en estas respuestas de ansiedad, de preocupación, de ‘no me hablan’, ‘los vecinos se alejan’, etcétera”, mencionó Tania.

No es lo mismo

De acuerdo con Tania González y Angélica Castro, la atención de familiares y pacientes con COVID-19 no solo significa una ruptura de estructuras y esquemas personales, sino también representa un momento de crecimiento personal y profesional, ya que la pandemia ha generado actividades y actitudes diferentes.

“Sí ha habido aprendizajes, de mi parte, sobre todo como en más sensibilidad, más empatía, también de repente más ansiedad, porque hay cosas que están fuera de nuestro alcance; sin embargo, el poder tener herramientas para afrontarlo, yo, Tania, de manera personal, pues hay más, hay un poco más de recursos”, mencionó González.

Castro, en su oportunidad, señaló: “La pandemia vino a enseñarnos mucho y por muchos cursos que podamos haber tomado, por muchas capacitaciones que nos pudieron haber dicho, por más advertencias que nos pudieron haber dado, creo que no iba a ser nunca lo mismo a enfrentarte, tal cual, con ese dolor tan en vivo. No es lo mismo la estructura de un consultorio, (…) a agarrar a la persona tan en crisis, tan en ese momento de dolor, tan refugiado en su casa. No es lo mismo”.

Hablar para entender lo que pasa: una forma de atención psicológica