¿Llegó la hora de dejar tu chamba?

Si acaso eres una de esas personas que furiosamente se han adueñado de la frase “¡odio mi trabajo!”, mi primera pregunta para ti sería: ¿y por qué no renuncias? Si en respuesta volteas a verme como si te hubiera preguntado “¿acaso perdiste la razón?”, entonces tenemos un serio problema: odias tu trabajo, pero piensas que renunciar sería una verdadera locura. Desde luego, puedes completar la frase como mejor aplique a tu presente situación: “Sería una verdadera locura, porque ¿quién demonios me contrataría en medio de plena pandemia?”, o: “Con una casa por mantener y tres bocas que alimentar, ¡ni de chiste me animaría a hacerlo!”.

De acuerdo, las razones por las que no sería conveniente dejar por ahora tu trabajo, a pesar de que lo odies, pueden ser perfectamente válidas, pero esto difícilmente resolverá tu predicamento. Y es que levantarse todas las mañanas con pies de plomo, con la sensación de que uno se dirige al matadero, bien puede conducirnos a un serio deterioro de la salud física, mental o emocional.

La segunda pregunta que te haría NO es: ¿y por qué lo odias? Y no es que no me importe, sino que estoy seguro de que me darás varias buenas y excelentes razones. En vez de ello te preguntaría: ¿QUÉ ES LO QUE REALMENTE QUIERES? La respuesta que me des te dará la clave de lo que necesitas hacer. ¿Lo que realmente deseas es sentirte libre de ataduras? Entonces lo que buscas no es otro trabajo, sino establecerte por tu cuenta. Si lo que buscas es ganar un mejor sueldo porque no te sientes suficientemente valorado, entonces no necesitas otro trabajo, sino preguntarte qué es lo genuinamente valioso para ti.

Lo que me llevó a poner atención en el tema fue un artículo de Elle Hunt en el diario británico “The Guardian”, en el que la autora plantea que, con motivo de la prolongada pandemia, numerosas personas han tenido tiempo más que suficiente de reevaluar su situación de vida en términos de familia, trabajo y metas personales. Menciona, por ejemplo, que un sondeo realizado por Microsoft con 30 mil empleados de diversos rincones del planeta reveló que el 41 por ciento estaba considerando dejar su trabajo, o cambiar a uno mejor, este año.

Hunt señala que si, de hecho, ya hemos perdido la salud debido al estrés o cualquier forma de abuso en nuestra presente ocupación, sin duda deberíamos buscar nuevos horizontes. Si es el caso, deberíamos primero asegurarnos de tener los suficientes recursos económicos para sobrevivir al menos seis meses sin ingresos, dadas las circunstancias actuales.

Otra de las razones por las que ella consideraría válido renunciar es si la persona ya odiaba su trabajo desde antes de la pandemia. Sugiere también compartirles a otros cómo se siente, trátese de familiares, amigos, un ‘coach’ o un terapeuta, pues en alguna de estas conversaciones tal vez pueda darse cuenta de que, en el fondo, el problema no es el trabajo, sino la falta de claridad de quién es uno y de lo que realmente quiere en la vida.

Un último consejo: establece una fecha límite para tomar tu decisión, sea cual sea, ya que la incertidumbre no te llevará a ningún lugar. Si decides buscar nuevos horizontes, muy bien, ¡buena suerte! Y si optas por capear el temporal, de una cosa puedes estar seguro: te volverás más sabio y resiliente.