Amigos de escuela

Todos quizás estemos preocupados por el regreso a clases, particularmente por cómo será para nuestros hijos el ver a sus compañeros por primera vez o reencontrarlos luego de muchos meses. Aunque ellos hayan mantenido una comunicación por teléfono o a través de las redes sociales, ha faltado el encuentro presencial, cara a cara, para identificar que la amistad que se inicia en la etapa escolar pueda ser por utilidad o por complacencia o por naturaleza auténtica. Grandes filósofos, como Aristóteles, estudiaron sobre las diferentes formas de amistad y las que predominan en cada una de las etapas de vida. La amistad cambia, por la edad, por las circunstancias y por el disfrute que se pierde en ella.

Es muy común tener en la clínica psicológica a chicos y chicas que sufren por el ingreso a la escuela, donde los padres reflejan la preocupación por ese desinterés escolar, debido a los síntomas físicos como dolor de cabeza, vómito, temperatura alta, dolor de estómago, entre los más comunes; y por circunstancias amenazantes que pueden estar en la institución: maestros no amables, castigadores, o compañeros que acosan y maltratan. Hoy en día, ese “trastorno mental” irá desapareciendo o, mejor dicho, transformándose en “temor de los padres al llevar a los hijos a la escuela” por motivo de la Covid-19. Lo que verdaderamente causa el rechazo de los menores es la dificultad de desprendimiento que se tiene para dejar la casa y a la madre, para quedarse en un escenario social diferente donde el reto es hacer amigos.

El problema que debemos afrontar es la manera en que irán reestableciendo la amistad con sus pares en la escuela, una amistad que se busca, se contrae, se cuida y perdura en la medida que tenga experiencias benignas y que no sea interrumpida por aspectos sanitarios, de movilidad social, conflictos familiares o falta de creatividad. Muchas veces la amistad es una fachada social, se pierde, se traiciona, se desilusiona y puede llegar a ser irreversible su rompimiento. Niños, niñas y adolescentes pasan por estilos de comunicación donde la percepción de la amistad es equivocada o egoísta.

La amistad tiene mucho de artístico. Se construye a un ritmo, se habla y se siente; es libre de expresarse y nace de la inocencia de prejuicios. Por ello, el mejor momento de experimentar la amistad, como el arte, es en la infancia.

Los amigos se encuentran fuera del lugar de la familia, en la guardería, en la escuela, en la calle, y no precisamente como “amigos imaginarios”, sino como la oportunidad para tener un acercamiento más íntimo y permisible. Lo que diga un amigo puede tener mucha más influencia y lealtad que el diálogo con el padre o la madre. Las amistades, a pesar de su lejanía o proximidad, son el preámbulo de un estado de bienestar o de conflicto emocional, pues el amigo es la sustitución del osito de peluche preferido y el acercamiento al erotismo social.

Hacer amigos de infancia, en la escuela, en esta etapa anticipada de pospandemia, no será sencillo. Se luchará con la desconfianza mutua y el aislamiento vivido que no permitieron escuchar y hablar con personas diferentes, a tolerar y ser tolerados, simplemente, a mirarnos de forma diferente.

Rescataré lo bueno del aislamiento: aquellos menores que lo vivieron con exceso, seguramente potencializaron sus capacidades intelectuales y mostrarán alto rendimiento escolar. Será cuestión de constatarlo en meses posteriores.

* Psicólogo clínico (UAQ), coordinador de área en Salud Mental y Psicológica de IXAYANA y psicólogo clínico adscrito al Hospital General Regional del IMSS-Querétaro. Ver otras colaboraciones de Saber de-mente.