Las ocho etapas del proceso creativo (parte 2)

Erróneamente se piensa que la creatividad es el resultado de chispazos aislados de genio creativo. Si bien dichos momentos de inspiración existen, lo cierto es que son el resultado de horas y horas de picar piedra y abonar el terreno.

En su libro “Creatividad explicada” (“Explaining creativity”), Keith Sawyer describe las ocho etapas del proceso creativo, cuatro de las cuales ya fueron abordadas en este espacio: Etapa 1: Identifica y define un problema cuya solución desconozcas. Etapa 2: Recolecta información relevante sobre dicho problema. Etapa 3: Amplía el rango de búsqueda informativa para conectar con áreas de conocimiento afines. Etapa 4: Haz una pausa para permitir que tu mente inconsciente digiera la información recolectada en las etapas anteriores.

Etapa 5: Genera una variedad de ideas. Como resultado de la etapa anterior, empezarás a vislumbrar posibles soluciones. Puesto que aún no has seleccionado aquella que habrás de implementar, es importante tener la apertura de mente necesaria para evaluar con imparcialidad cada una de las generadas. A simple vista, tal vez algunas te parezcan ilusorias o poco factibles. En vez de desecharlas, déjalas que se asienten, puesto que cualquiera de ellas pudiera representar la clave de aquello que buscas.

Etapa 6: Combina las ideas en forma insospechada. Las investigaciones demuestran que, con frecuencia, la solución creativa no se remite a un solo concepto, sino a la combinación de varios, incluso disímbolos entre sí. El historiador Arthur Koestler señala al respecto: “Todos los avances decisivos en la historia del pensamiento científico pueden describirse en términos de una fertilización mental entre las diferentes disciplinas”. Por ejemplo, si deseas visualizar con más claridad una posible solución creativa a tu problema, tal vez la puedas describir como “una manguera tan estrecha como un pasillo angosto y a la vez tan flexible como un pez nadando libremente en el océano”. Dicha frase, en apariencia contradictoria, te permitirá retratar en una sola imagen la complejidad del tema en cuestión.

Etapa 7: Selecciona las mejores ideas en función de su relevancia. En términos generales, la mejor solución deberá presentar ventajas evidentes sobre las otras. Para establecer con más claridad su relevancia, toma en cuenta criterios como los siguientes: a) ¿qué tan alto es su nivel de riesgo?, b) ¿resulta fácil de comprender?, c) ¿es original?, d) ¿son altas sus probabilidades de éxito?, e) ¿es fácil de implementar?, f) ¿beneficiaría a un gran número de personas?

Etapa 8: Haz que tu idea sobreviva en el mundo real. En esta última etapa del proceso creativo, es fundamental que la solución creativa seleccionada resista el trajín de la vida diaria. De lo contrario, de poco te habrá servido que en el papel se haya visto como la octava maravilla. El reto final consiste, pues, en transformar las buenas ideas en realidades contundentes. Basta con echar un vistazo a los grandes inventos de la humanidad. La razón por la que los conocemos es muy simple: nos resultaron de inmensa utilidad.

Bibliografía: Sawyer, K. (2012). “Explaining creativity”. Nueva York: Oxford University Press.