La plaza de los fallecidos

No es posible evitar que, en el próximo fin de semana, el estado de Querétaro habrá de llegar al registro oficial de 5 mil personas fallecidas por causa de la Covid-19, aunque de forma extraoficial la cifra sea ya superior. Se trata de personas que biológicamente han perdido la vida y que se suman a las ocurridas en todo México y en el mundo entero, pero lo significativo es que esto sucede en nuestro entorno más cercano, familia y comunidad.

En la fea costumbre de no percibir el mundo real tal como es, sino de recrearlo con representaciones significativas y simbólicas, la pregunta sería: ¿qué vamos a hacer con tanto duelo en nuestra sociedad?

Morir en un hospital o en la calle o en casa no es lo mismo, pero es igual, biológicamente. Existen procesos inconscientes, emocionales, que caracterizan el trabajo de duelo y las reacciones ante lo sucedido no solo dependerán de las condiciones psicológicas particulares de los familiares dolientes, sino también del contexto sociocultural de la población queretana. Como sabemos, el duelo, al ser una reacción normal y natural, deberá ir disminuyendo por el agotamiento de representaciones, recuerdos y emociones que llevan a la persona al juicio de que su ser querido ya no existe. Aunque esta regla no siempre se cumple y muchos dolientes cargan a sus muertos durante muchos años y otros se sienten perseguidos por ellos, pues no han podido colocarlos o guardarlos en el lugar que les corresponde.

La historia de grandes guerras la han escrito los vencedores, pero en la lucha contra esta pandemia, donde el pasado sigue estando presente, los triunfadores aún no ganan la batalla y los perdedores tienen mucho que decir. Poco se ha escrito de ellos. El dolor, el miedo, la tristeza y la ira siguen predominando en nuestros pensamientos y nos está dificultando registrar las pérdidas en un espacio simbólico.

El lugar que ocuparon muchas personas fallecidas sigue intacto. El de otras tantas ha sido modificado e imagino que otra gran cantidad ha sido sustituida por otra vida, que no se ha olvidado, y otros han quedado en el pasado. ¿Dónde está ese lugar, artificial y simbólico, donde recodaremos a nuestros muertos? Es cierto, no ha sido un terremoto o un edificio caído o un accidente de auto y bicicleta, para que dejemos un ramo de flores, una veladora y una cruz, o construyamos un monumento en el lugar de los hechos. Pero estamos viviendo una terrible tragedia en nuestra localidad y en la historia de la humanidad.

Nuestro lugar de vida no debe permanecer igual que antes de tantas pérdidas; requerimos encontrar un simbolismo de todo este acontecimiento perturbador que nos recuerde lo que debimos hacer y lo que no pudimos evitar. Por ello, he de proponer que alguien le diga a la autoridad, estatal o municipal, que edifique la “plaza de los fallecidos”, con una columna diseñada por un artista local, en algún lugar a la vista de la mayoría de los queretanos. Ese sería el lugar del descanso simbólico de nuestros muertos. Podría ser, por ejemplo, en la contraesquina de la plaza Santa Cecilia.

Si no fuese así, de no contar con un lugar que simbolice nuestro dolor, habría que esperar que los duelos se resuelvan satisfactoriamente, aunque tengamos que matar a nuestros muertos para que dejen de perseguirnos en la historia.

* Psicólogo clínico (UAQ), coordinador de área en Salud Mental y Psicológica de IXAYANA y psicólogo clínico adscrito al Hospital General Regional del IMSS-Querétaro. Ver otras colaboraciones de Saber de-mente.