La infidelidad

Estoy seguro de que uno de los temas más comentados en reuniones sociales y familiares tiene que ver con la infidelidad en la pareja, de una u otro, o de ambos integrantes, generalmente de parejas ajenas. Cuando se habla del incumplimiento de un compromiso o de faltar a este, establecido entre personas por un vínculo oficial (matrimonio), se tiende a magnificar, aún sabiendo que se habla de una situación que se ha dado en secreto por considerarla una amenaza a la relación conyugal, a la estructura familiar, a la confianza, a la vergüenza y a la promesa de amor. De ese amor que se sintió y se pensó en un principio, pero que se reorganizó en un tiempo actual,

La infidelidad no solo aplica al compromiso legalizado, afectivo y sexual, también a una relación entre dos amigas, a compromisos de trabajo, en actividades deportivas, asuntos financieros, afiliaciones profesionales o mandatos patrióticos. Se trata de faltar a un pacto normativo y establecer otro compromiso de forma paralela.

Hoy en día, las redes sociales también son un escenario donde se escenifican y hablan actos de infidelidad. La facilidad para establecer una comunicación escrita, visual y auditiva entre personas conocidas o desconocidas, con contenido emocional y erótico, hace más fácil identificar los motivos de una traición. No me refiero a los encuentros entre personas sin compromiso conyugal entre sí, sino a los sitios de Internet y grupos de Facebook que se dedican a la conversación de experiencias personales de haber sido engañados por su pareja, hombre o mujer, y que el consejo y recomendación que predomina es “sepárate de él y recupera tu amor propio”.

Sin confirmar que son las mujeres quienes más incurren en una infidelidad, pues, así lo refieren algunas fuentes de información, esto tiene que ver con características de personalidad y experiencias sexo-afectivas que llevan a la persona, en una relación de pareja amorosa o disfuncional, a interactuar con otra, conocida o desconocida, de manera única u ocasional, a resolver una serie de necesidades generalmente desconocidas para ella. Desde el sentir de muchos de los participantes, se trató de una etapa de insatisfacción, aburrimiento, curiosidad, venganza, calentura, soledad, desenamoramiento, desatención, baja atracción, fastidio, necesidad.

Cuando ocurre la infidelidad y es descubierta, una de las principales consecuencias es la decisión de separarse, no sin antes pasar por un periodo de desorganización cognitiva y emocional por el temor a la soledad, el abandono, el daño a los hijos, las complicaciones económicas, el prejuicio social y familiar, entre otras. Sin embargo, la separación no se decide para tener una mejor calidad de vida. Por ello, no siempre tenemos como resultado una separación por infidelidad.

La celotipia es un elemento que participa de manera importante antes y después de una infidelidad. Es una conducta común en el ser humano, a diferencia de muchas especies animales, y aunque no es siempre, su naturaleza tiene un significado especial entre la triada involucrada que no parece cambiar mucho. Muchas veces es la decisión del todo o nada, a algo que se considera negativo para la persona y la sociedad, sin que se considere que el acto infiel no es el problema, sino la visión o significado que le demos. La mirada científica, religiosa, legal o social no vislumbran lo positivo que puede ser dicha conducta, en un momento dado, con ciertas características que predominen en la pareja. Los hechos consumados en sí no se pueden ya evitar o modificar. Quedan para ser cuestionados siempre, pero al tratar de resolver las afectaciones emocionales, es importante tener una perspectiva de lo positivo que puedan ser para la recuperación emocional de las personas. Lo es igual cuando se busca rescatar lo positivo del acto de morir. Si las parejas realmente disfrutan de la convivencia conyugal, el beneficio puede ser mayor; si no es así, puede servir para resolver conflictos naturales de la relación.

Si somos capaces de pensar, sentir y amar, las personas tendríamos la habilidad para autorreorganizarnos y adaptar el entorno y circunstancias a una mejor cotidianidad.

* Psicólogo clínico (UAQ), coordinador de área en Salud Mental y Psicológica de IXAYANA y psicólogo clínico adscrito al Hospital General Regional del IMSS Querétaro. Ver otras colaboraciones de Saber de-mente