La bella y los perros

La Lazarilla

Hace unos cuatro años, mientras investigaba sobre el abuso sexual infantil, me encontré con un artículo que llevaba cómo título “Why society goes easy on rapist”, que se traduce algo así como “¿Por qué la sociedad no juzga duramente a los violadores?”. Creo que no lo había entendido del todo hasta hace un par de años, que comencé a escuchar el sinnúmero de casos de violación que existen todos los días no solo en mi país, sino en el mundo, pues curiosamente los casos más sonados de violación son aquellos perpetrados por agresores con autoridad, como Marcial Maciel, Laurence G. Nassar y Harvey Weinstein; sin embargo, más del 70 por ciento de los casos de violación los perpetran familiares o amigos cercanos y solamente un reducido número llega si quiera a ser denunciado. Y si lo meditamos un momento, tiene total lógica que no juzguemos como sociedad duramente a los violadores, porque nuestro sistema está basado en el clasismo, que se traduce en el privilegio que tienen las autoridades de poder hacer lo que se les antoje sin tener algún tipo de consecuencia y es por ello que las obras como “La bella y los perros”, dirigida por Kaouther Ben Hania son tan necesarias.

La brillante película de Hania narra el caso real de una chica en la República Tunesina que fue brutalmente violada por policías para después ser culpada de adulterio por los agresores en un intento por salvarse el cuello. El filme, que es narrado en nueve capítulos, cada uno de ellos un brillante plano secuencia, relata solo una noche, la noche en la que Mariam (Mariam Al Fejarni) es violada y después intenta durante varias horas imponer una denuncia ante las mismas autoridades que horas antes la habían violentado.

Cada capítulo nos va permitiendo vivir la pesadilla de Mariam al ser constantemente agredida, manipulada y amenazada para impedir que realice su denuncia, vamos de la mano con ella siendo revictimizada constantemente por las autoridades corruptas que buscan cualquier medio que esté en sus manos para hacerla dimitir de su intento por hacer valer sus derechos como ciudadana.

Este tipo de obras nos permite verbalizar al sistema en palabras e imágenes, un sistema que tiene variables de acuerdo con el país, pero que sin duda en cualquier lugar se basa en privilegios, porque cuando las autoridades se convierten en los agresores, todo cuanto está en la ley carece de sentido.

El caso de Mariam movilizó a las mujeres en la República Tunesina y a pesar de que en el filme parece solo retratar la noche de la violación, en realidad nos habla del comienzo de una revolución femenina en contra del sistema, una revolución que no solo comenzó en la República Tunesina, sino en todo el mundo.

A pesar de que a los medios nos les guste contarnos qué pasa más allá de Norteamérica y la Unión Europea, quiero recordarles a todas las feministas allá afuera que existen frentes de mujeres luchando por nuestros derechos en todo el mundo y, así como Mariam, que con su denuncia logró visibilizar el caduco sistema en su país, todas las que luchan en cada uno de sus países tarde o temprano serán escuchadas, porque el sistema no se va a caer: lo vamos a tirar.

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