El estado emocional del presidente…

El estado emocional del presidente comienza a ser preocupante; su irritabilidad, intolerancia e intransigencia ante el menor cuestionamiento ─que él traduce en una provocación─ se acrecientan día a día, y mañanera tras mañanera…. para muestra, los siguientes botones de la semana pasada:

El lunes 12 de julio ─sí, el mismo día que advirtió: “Yo soy el destapador y mi corcholata favorita va a ser la del pueblo, esa es la regla”─ un reportero manifestó: “Primero preguntarle sobre estas protestas en Cuba del día de ayer, estas históricas protestas que se dan después de décadas en contra del gobierno, entre otras cosas, por la situación económica y la respuesta del gobierno ante la pandemia”.

El mandatario invocó, de entrada, los principios de la política exterior consagrados en la Constitución: no intervención, autodeterminación de los pueblos, solución pacífica de las controversias y garantizar los derechos humanos; para luego acusar un intervencionismo de los Estados Unidos ¡a través de la asociación Artículo 19! y culpar al “bloqueo” (un embargo, en realidad), de lo que sucede.

Y no faltó la idea de la conspiración: “Hay muchos países con problemas en América Latina, en el Caribe, no es solo el caso de Cuba; sin embargo, llama la atención que ha habido un despliegue informativo inusual, desde luego, promovido por quienes no están de acuerdo con las políticas del gobierno de Cuba, es obvio”.

Confabulación de la cual el periodista también pasó a formar parte, por osar preguntar sobre un tema del cual ─desde el punto de vista periodístico─ había que buscar una reacción del gobierno de México; y más adelante cuestionar: “el día de hoy se da a conocer que en lo que va de su administración al menos 56 activistas han sido asesinados, de medioambiente, de derechos humanos y que las organizaciones, algunas organizaciones civiles consideran que es uno de los países más letales para defender los derechos humanos en el mundo. ¿Qué opina sobre este tema?, ¿qué diagnóstico tiene?”.

Ello, porque tras contestarle que se trataba de una propaganda de sus adversarios difundida por su periódico, le recriminó: “Cuando te di la palabra ─porque yo siempre digo lo que pienso─ sabía que me ibas a preguntar de lo de Cuba, porque el periódico Reforma es parte de esa campaña en contra del gobierno de Cuba.”

Al día siguiente, el martes 13, dijo estar tranquilo porque en su movimiento hay relevo generacional, porque ─y ojo con la declaración─ “imagínense si no tuviésemos de quién echar mano, si el pueblo de México no tuviese opciones, entonces hasta podría servir de excusa o de pretexto para justificar la reelección”. ¡Zaz!

El miércoles 14, el detonante de su arrebato fue el tema expuesto por el conocido periodista de origen español Alberto Peláez, quien en forma por demás amable expuso cómo su país fue invadido por los países musulmanes y por el imperio romano, “Y nosotros no les dijimos que nos pidieran perdón, pero les dimos las gracias por todo eso (sus aportaciones al conocimiento)”, y posteriormente preguntó: “Con todo esto, señor presidente, lo que quiero pedirle es: ¿de qué manera ─y lo digo con todo respeto─ de qué manera podemos relanzar unas relaciones que hoy están deterioradas entre España y México?”.

¡Uf! Suficiente para que el mandatario reprochara la falta de respuesta del rey de España a la carta en la que le solicitó pedir perdón por los crímenes cometidos durante la Conquista: “No tienen ni siquiera la delicadeza de responderla, la filtran y empiezan los ataques a mi persona y al gobierno, de autoridades, de intelectuales promonárquicos, Vargas Llosa, otros escritores, la prensa, El País, programas de radio, de televisión en España, burlándose de nuestra propuesta, que por qué tenían ellos que pedir perdón, con mucha arrogancia. Les faltó humildad, se olvidan de que el poder es humildad”.

Ante la insistencia del periodista, en pro de una reconciliación, el presidente realmente irritado respondió: “Pues lo que se tiene que hacer es entender que hay una nueva realidad en México y que ya no se permite robar. Eso es todo”, y dio por concluido el diálogo.

El empecinamiento del presidente le ha impedido lidiar con quienes piensan diferente desde el punto de vista político, ideológico, económico y social… y eso ─evidentemente─ lo está enfermando.