El espejo en que nos reflejamos

Hace dos décadas, un grupo de periodistas comenzó a preguntarse qué estaba pasando en México, que la prensa estaba siendo objeto de agresiones sin sentido.

El cambio democrático había comenzado unos años antes, cuando el Partido Acción Nacional (PAN) ganaba sus primeras gubernaturas en Baja California y Guanajuato; luego vendría el triunfo del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en la Ciudad de México y después la victoria de Vicente Fox Quesada, quien cumplió su primera promesa de campaña de sacar a patadas al PRI de Los Pinos.

Parecía que la democracia llegaba a todos los sectores, pero no fue así; dijeran los clásicos: a la prensa no nos ha hecho justicia la revolución.

Sobra recordar las decenas de asesinatos y cientos de agresiones constantes para demostrar que el ejercicio libre y democrático del periodismo ha caminado mucho más lento.

Esta semana se dio a conocer el informe de Indicadores de Desarrollo Mediático en México, elaborado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (Unesco) y la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), para el cual se hicieron encuestas entre periodistas y audiencias. El panorama es poco alentador.

¿Cómo nos vemos?

El informe muestra datos que no sorprenden en los hechos, pero ponerle siempre números y estadísticas es lo que nos debe preocupar:

En México, apenas una de cada cinco personas que se dedica al periodismo considera que hemos ido ganando la batalla contra la corrupción; el 94 por ciento acepta que se ha autocensurado por temor a las represalias que pudiera sufrir por lo publicado. Estos datos aumentan exponencialmente cuando se trata de periodistas que reportan en zonas de alto riesgo como las regiones de Tierra Caliente (Michoacán, Edomex y Guerrero), Huasteca (Hidalgo, SLP, Tamaulipas, Veracruz), Laguna (Durango y Coahuila) y en entidades como Tamaulipas, Sinaloa, Baja California, Sonora y, más recientemente, Guanajuato.

El 96.7 por ciento de periodistas que participaron en el estudio asegura que ejerce su profesión en condiciones de alto riesgo y, peor aún, el 99.5 por ciento cree que es objeto de espionaje por parte de autoridades y grupos del crimen organizado.

Si a esto le sumamos las cada vez peores condiciones laborales, la falta de respaldo por parte de empresas de medios, la ausencia del Estado mexicano en garantizar protección al ejercicio profesional y la insuficiente capacitación en materia de coberturas de riesgo, podemos ver que ser periodista en este país es cada vez más riesgoso.

Y a esto hay que sumarle la percepción de la sociedad hacia nuestro trabajo, pero de eso platicamos la próxima semana.

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*Periodista, autor del “Manual de Autoprotección para Periodistas” y de la “Guía de buenas prácticas para la cobertura informativa sobre violencia”. Conduce el programa “Periodismo hoy”, que se transmite los martes a las 13:00 h, por Radio Educación.