La obsesión del presidente, por medios y periodistas

El nivel de perturbación anímica en el que está el presidente López Obrador lo llevó el miércoles pasado a anunciar que un día a la semana, en la conferencia mañanera, invitaría a alguien del gobierno a que hablara sobre las mentiras publicadas en los medios.

“Así como quién es quién en los precios de los lunes, vamos a sacar aquí un quién es quién en las mentiras de la semana para combatir las falsas noticias. Hay algunos que van a sacar primeros lugares siempre, o sea, siempre medallas de oro, pero aquí los vamos a estar exponiendo y también informándole a la gente, porque hay quienes se tragan todo eso”, declaró.

Al día siguiente, un periodista de Telemundo le preguntó sobre cuál sería el formato de esta sección, y si permitiría el derecho de réplica a los periodistas aludidos, a lo que él respondió: “Sí, también, pero sería la réplica después, que la solicite; no hacer lo que ellos hacen, porque ellos no dan el derecho de réplica. Puede ser que sea por carta o por las redes, decir: ‘no estoy de acuerdo porque tengo estas pruebas’. La réplica se da en las redes”.

En este contexto, cabe preguntarse ¿las conferencias mañaneras del presidente de la República están sujetas a la Ley Reglamentaria del Artículo 6o., párrafo primero, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia del Derecho de Réplica, cuyo artículo 4 consigna que: “Los medios de comunicación, las agencias de noticias, los productores independientes y cualquier otro emisor de información responsable del contenido original, serán sujetos obligados en términos de esta Ley y tendrán la obligación de garantizar el derecho de réplica de las personas en los términos previstos en la misma”?

La réplica es, de acuerdo con esta ley, “El derecho de toda persona a que sean publicadas o difundidas las aclaraciones que resulten pertinentes, respecto de datos o informaciones transmitidas o publicadas por los sujetos obligados, relacionados con hechos que le aludan, que sean inexactos o falsos, cuya divulgación le cause un agravio ya sea político, económico, en su honor, vida privada y/o imagen”.

Por la naturaleza de este espacio de información, la rectificación o respuesta pertinente debería realizarse durante la misma transmisión y horario y con características similares a la transmisión que la hubiera motivado; “sin comentarios, apostillas u otras imágenes o expresiones que desnaturalicen la función de la réplica, rectificación o respuesta”.

¿No será ya momento de explorar las vías legales para que el presidente de la República ajuste su comportamiento obsesivo al marco jurídico al que estamos obligados todos?

Si como él ha sostenido, el contenido de este espacio no es propaganda gubernamental y no está sujeto al artículo 134 constitucional (“La propaganda, bajo cualquier modalidad de comunicación social, que difundan como tales, los poderes públicos, los órganos autónomos, las dependencias y entidades de la administración pública y cualquier otro ente de los tres órdenes de gobierno, deberá tener carácter institucional y fines informativos, educativos o de orientación social. En ningún caso esta propaganda incluirá nombres, imágenes, voces o símbolos que impliquen promoción personalizada de cualquier servidor público”), ¿habrá entonces que recurrir a la vía jurisdiccional para que entienda que no puede estigmatizar con tal impunidad?

La citada ley determina que los tribunales de la Federación serán competentes para conocer de los procedimientos judiciales que se promuevan con motivo del ejercicio del derecho de réplica, y que este “es independiente del derecho que le asiste a todo sujeto afectado para acudir ante los órganos jurisdiccionales competentes para reclamar la reparación de los daños o perjuicios que se hubieran ocasionado en su contra con motivo de la publicación de información que se le atribuya”.

Y es que López Obrador insiste en querer dar clases de periodismo, por supuesto del que a él le gustaría que se ejerciera: “Estamos buscando la transformación y todos los buenos periodistas de la historia siempre han apostado a las transformaciones… los periodistas mejores que ha habido en la historia de México, los de la República restaurada, todos, tomaron partido”.