45 años de un matrimonio

Andrea Urbiola Ezcurra

Una de las principales bondades del cine es su capacidad de movernos sentimientos bien enterrados en nosotros mismos o emociones que ni siquiera conocíamos, al presentarnos situaciones que no necesariamente hemos vivido, pero con las que podemos empatizar por el simple hecho de ser humanos. Siempre he tenido una especial debilidad por las películas que con la mayor sencillez logran evocar una marea de sensaciones en su espectador; me gustan las emociones complejas en las figuras más cotidianas; por ello, esta semana elegí a la que es por excelencia señalada -o condenada- como “el pilar de la sociedad”, me refiero al matrimonio. De todas las ópticas a través de las cuales se ha abordado de manera maravillosa esta figura en el cine, en esta ocasión indagaré en la plasmada por el director Andrew Haigh, a quien conocemos por “Weekend”, en una película de 2015 protagonizada por una asombrosa Charlotte Rampling, “45 years”.

La historia presentada por Haigh se desarrolla en Norfolk, Inglaterra, donde una pareja de la tercera edad en vísperas de su aniversario número 45 y en el ajetreo de los preparativos de su celebración, recibe una carta dirigida al esposo, Geoff, en la que le dan aviso del hallazgo del cuerpo de quien 50 años atrás había sido su gran amor y que había muerto a causa de una caída en un glaciar. Esto provocará una avalancha de inseguridades en su esposa, Kate, quien nos transmitirá a través de miradas y movimientos corporales el surgimiento de la duda de si realmente es ella el amor de la vida de la persona a quien considera el de la suya; y es que, ¡vaya!, ¿quién puede competir contra las mieles de aquel amor idílico que subyace en las profundidades de la mente de su pareja, tras algunos candados a los que no tendremos acceso?, porque si algo debemos aceptar es que a pesar de que compartimos nuestra vida con alguien, no tenemos paso a cada pensamiento de aquella mente que habita el mismo espacio que nosotros, y eso es una de las cosas que vuelven tan compleja e interesante a la figura del matrimonio, por lo que tantos psicólogos dedican horas de estudio y tantos artistas han decidido utilizar para plasmar su arte.

De todo lo destacada que es esta película, sobresale el trabajo de fotografía de Lol Crawler, quien elige los lugares más precisos para poner su lente, destacando gestos y movimientos de sus protagonistas que parecerían simples, pero nos dicen absolutamente todo sobre los sentimientos de esa pareja. El argumento presentado por el director es por demás interesante, ya que decide aventurarse en uno de los misterios más complejos de las relaciones humanas, que es la transformación del amor en un matrimonio longevo, y no es cosa sencilla decidir incomodar a tu audiencia metiéndola en un terreno que cree explorado y conocido, y mostrarle que no puede estar más equivocada. ¡Larga vida al cine y a los sentimientos e incomodidades que nos provoca!

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