El silencio cómplice del agente de inmigración…

El avión repleto, varios vuelos a la misma hora, casi todos son mexicanos: familias completas, parejas, madres o padres con sus hijas e hijos jóvenes; la mayoría con doble KN95, careta de burbuja, una pequeña maleta de mano con apenas dos o tres cambios de ropa… y con un poco de espacio, por si hay tiempo de comprar algo en el ‘mall’.

Pase de abordar, pasaporte, visa, cuestionario COVID para acceso a Estados Unidos y prueba de antígeno en mano.

Todos se miran entre sí, nadie platica con el de al lado; aunque dan por hecho que comparten el mismo objetivo: vacunarse contra el Covid-19. Los 110 minutos de vuelo pasan rápidamente.

Mientras esperan en la fila para pasar inmigración, más de uno observa a los agentes y se pregunta: ¿digo que vengo de compras?, ¿y si me cuestionan que el objetivo sea la inmunización… digo que sí o finjo demencia?

El oficial, sin embargo, se limita a pedirles el pasaporte; que se quiten los cubrebocas y la careta para la fotografía… el motivo del viaje parece no importarle en lo más mínimo… simplemente pregunta cuántos días permanecerán en el país, coloca los sellos correspondientes y grita: ¡el que sigue!

Tras recoger el poco equipaje, todos se dirigen rápidamente al estacionamiento a esperar el ‘shuttle bus’ que los trasladará al centro de alquiler de vehículos… no hay sana distancia, el autobús va lleno.

Ya en los autos, lo primero es ubicar la dirección del lugar ─desde una simple farmacia CVS, Walgreens, un Walmart, HEB o bien un hospital─ en el que el amigo o familiar en los Estados Unidos les haya hecho la cita para la aplicación de la ansiada vacuna… aunque nunca falta el que se lanzó a la ‘Viva México’, sin esta.

Cuando finalmente llega el anhelado momento, la emoción y cierto nerviosismo los invade al mostrar su ID y la confirmación. ¿Eres alérgico a algún medicamento?, ¿estás embarazada?, ¿eres inmunodeprimido?, ¿tomas anticoagulantes?, son algunas de las preguntas que amablemente el personal les realiza; de inmediato reciben un papel con su cita para la aplicación de la segunda dosis, exactamente 21 días después.

Luego, una enfermera procede a aplicarles la inoculación y a colocarles una cinta adhesiva en la zona de la inyección, para después entregarles un carnet que constata la aplicación con el nombre de la vacuna suministrada, la fecha y el lugar.

Les piden cortésmente permanecer sentados 15 minutos, les colocan una estampa con la hora exacta en que pueden retirarse; mientras, al frente un enorme reloj digital lleva el conteo y una pantalla enorme transmite videos. ¡Listo!, salen de ahí felices, no sin antes posar para la foto “pa’l recuerdo” con el cartel “I got my Covid-19 vaccine”…

Después corren al centro comercial más cercano a hacer algunas compras; varios son fácilmente identificables por la ‘curita’ en el brazo o porque arrastran su maleta de mano ‘carry on’… la historia se repite al día siguiente: ‘outlets’ y ‘fast food’ ‘hasta que ya’, salvo quienes tengan su vuelo de regreso ese día.

5:00 am: la conductora del autobús que los trasladará del hotel al aeropuerto pregunta sonriendo si vinieron a vacunarse y comenta que en una hora ha llevado a 20 mexicanos que viajaron para ese fin; añade que varios han acudido en grupos que se organizan en México. Un poco apenados, otros riéndose, le responden que está complicado vacunarse en el país; porque no saben cuándo les tocará… ella responde amablemente que no necesitan dar explicaciones y que cada quien hace lo que debe hacer… respiran aliviados, pues dejan de sentirse juzgados.

En el vuelo de regreso, reconocen algunos rostros que iban en el mismo avión al inicio de la travesía, la cual -en promedio- requirió de un gasto individual de 7 mil 500 pesos del viaje redondo; poco más de 5 mil por dos noches de hotel; aproximadamente unos 7 mil por la renta de un vehículo, por dos días, y 500 de gasolina; alrededor de 2 mil de comida, por dos personas, y uno que otro gusto que se hayan podido dar.

Se trata del ‘turismo de vacunación’ que en las últimas semanas ha incrementado notablemente, una actividad reservada a un sector social no muy amplio de la población en México que le permite respirar un poco de tranquilidad; en tanto, para varios estados representa un beneficio económico en medio de la crisis que la pandemia ha traído al mundo entero…

Ahora entienden por qué el agente de inmigración no hizo más preguntas…