Tus navajas oxidadas…

Reporteros sin Fronteras (RSF), la organización internacional independiente con sede en París ─fundada en 1985─ ubicó a México en el lugar 143 de 180 países (con una puntuación de 46.71) en su Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2021.

“México sigue siendo, año tras año, uno de los países más peligrosos y mortíferos del mundo para los medios”, consignó el informe; para, luego, describir el panorama que prevalece: “La colusión de las autoridades y los políticos con el crimen organizado amenaza gravemente la seguridad de los actores de la información y obstaculiza el funcionamiento de la justicia del país a todos los niveles. Cuando los periodistas investigan temas molestos para el gobierno o relacionados con el crimen organizado ─especialmente a nivel local─, sufren amenazas e intimidaciones, y pueden ser asesinados a sangre fría. Numerosos periodistas han desaparecido en el país; otros se han visto obligados a exiliarse para ponerse a salvo”.

Y por si este contexto no fuera suficiente, RSF señaló que “el presidente López Obrador sigue estigmatizando a los periodistas durante ‘las mañaneras’ ─sus conferencias de prensa matutinas─, cuando se publican informaciones contrarias a sus intereses”.

Porque a él solamente le importan sus propios datos, porque en su mundo ─y así lo ha declarado una y otra vez─: “la libertad de expresión y de prensa están garantizadas”; aunque su comportamiento en realidad confirme lo señalado tanto por RSF, la semana pasada, como por Artículo 19 (a quien ha acusado de pertenecer al movimiento conservador que está en su contra):

“Estamos pasando un mal momento en cuanto al periodismo, porque están obstinados en defender causas de minorías rapaces, un periodismo para favorecer a traficantes de influencias, ni siquiera para favorecer a empresarios, porque en sentido estricto no son empresarios los que se sentían dueños de México, son traficantes de influencias”, aseveró ─por ejemplo─ el miércoles de la semana pasada.

Para Reporteros sin Fronteras, “La normalización de estos discursos estigmatizantes debilita a la profesión y genera ataques cada vez más enérgicos y violentos contra los medios de comunicación”.

Y sí, ahí están las constantes expresiones denigrantes por parte de los seguidores de la transmisión de la mañanera, en contra de quienes cuestionan al presidente, y que únicamente cumplen con su trabajo de insistir en obtener una respuesta directa ante las evasivas o los distractores a que él suele recurrir: “No den la palabra a esta reportera verdulera”, “Ya empezó la doña a chingar”, “Fuera los chayoteros de la mañanera”, “Tus navajas oxidadas solo sirven para rascarse las cosquillas que generan tus preguntas gastadas. Das pena ajena”… se puede leer en los mensajes.

Contrario al trato que reciben los “periodistas” (¿?) que suelen elogiar al mandatario, como Héctor Tlatempa, quien el pasado 19 de abril expresó: “Usted es un revolucionario que está poniendo el cimiento en una patria nueva para la posteridad y usted será recordado como el rayo de luz de la esperanza de un pueblo surgido de la pauperización extrema”, lo que provocó comentarios como “Este sí es un buen periodista”; o como Carlos Pozos, mejor conocido como “Lord Molécula”, quien en esa misma conferencia de prensa dijo que AMLO era “el presidente que más conoce la Constitución de nuestro país”, y la reacción que generó fue: “Lord Molécula libertario, a la altura de los Hnos. Flores Magón”.

López Obrador tiene razón en que en México “estamos pasando un mal momento en cuanto al periodismo”; pero no por lo que él argumenta acerca de que “Es tiempo de definiciones, no es tiempo de simulaciones, o somos conservadores o somos liberales, no hay para dónde hacerse, o se está por la transformación o se está en contra de la transformación del país”; sino por su incapacidad para comprender el pensamiento de su amado Juárez, quien sostuvo que: “La emisión de las ideas por la prensa debe ser tan libre como es libre en el hombre la facultad de pensar”.