Cuando fuimos brujas

Bajo un enebro cantaban los huesos, esparcidos y relucientes.
T.S. Elliot

La Lazarilla

Una voz bella y reconocida susurra entre las montañas islandesas cuentos de aves, vuelos y vínculos. Canta sobre lazos fraternales y familiares. Entre los valles recorre su palabra los tiempos, es la voz de una joven bruja que nos habla de la pérdida de las mujeres a través de las épocas.

Interpretada por una joven Bjork en su debut como actriz, “Cuando fuimos brujas” relata la historia de dos brujas hermanas que al quedar huérfanas tras su madre haber sido lapidada, parten de su hogar en búsqueda de un hombre al cual hechizar para protegerse del mismo destino que sufrió su madre.

Ambas parten hasta encontrarse con un hombre al que consiguen hechizar. Katia, la mayor, interpretada por Bryndis Petra Bragadottir, se casa con el hombre llamado Jóhhan y es así como las dos hermanas llegan a vivir a su cabaña, en donde habita su hijo Jónas, quien visita todos los días una tumba cercana.

La relación entre hermanas parece distanciarse conforme avanza el filme: el amor que se tienen entre sí permanece, pero la relación se transforma. Katia tampoco logra conectar con Jónas, quien parece saber que ambas son brujas, consiguiendo así que Jóhhan comience a desenamorarse de Katia. Al mismo tiempo, Margit, la menor, comienza a acercarse a Jónas y ambos parecen haber creado un vínculo fraternal entre sí, dejando a Katia sola.

Cansada de los malos tratos por parte de su esposo, Katia termina por causar la muerte de Jónas, pero decide esconderlo con hechizos y entierra un dedo del niño en la tumba de la madre. Al día siguiente en donde enterró el dedo aparece un árbol de enebro, Margit se da cuenta de lo que su hermana ha hecho y decide esconderlo, sin embargo, más tarde Jóhhan se da cuenta y decide ir tras ella dejando a Margit nuevamente en soledad con sus cantos.

“The Juniper Tree”, como es llamada en inglés, es una historia de hermandad y vínculos, pero también de miedo. Miedo a la realidad de ser mujer en un entorno hostil. Miedo a tener que acudir a un hombre para la protección. Miedo a ser arrebatada de lazos familiares y tener que sustituirlos a marchas forzadas.

La película, que es dirigida por Nietzchka Keene, está llena de misticismo y magia. Todo el tiempo se siente uno en un cuento onírico del que se quiere, pero al mismo tiempo no, despertar. El sonido es abrazador, como un susurro con el cual quisiéramos que nos arrullaran por las noches. La voz de una Bjork a sus 21 años es enigmática a pesar de que los diálogos y cantos son pocos.

Debo admitir que mientras me deleitaba con la pieza, no podía evitar compararla con “El séptimo sello”, de Ingmar Bergman, y si tuviera que describirla con pocas palabras sería así: un “Séptimo sello” interpretado por mujeres, sustituyendo el papel de la muerte por el de una bruja que se aparece en sueños.

El cine de Nietzchka Keene es una bella sorpresa del pasado, una mujer que definitivamente tenía una visión fresca desde la perspectiva femenina y que por mucho vale la pena revisar.

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