Empatía gremial

Desde hace 33 años participo en actividades gremiales de mi profesión. Ingresé a un Colegio de Psicólogos por “requerimiento laboral”, pues me invitaron para apoyar con actividades diversas, ya sea arreglando el salón para la conferencia, preparando el servicio de café, tomando fotografías o simplemente pegando carteles en diferentes lugares académicos de la ciudad. Tal situación me dio oportunidad de conocer personas importantes, desde funcionarios de gobierno y conferencistas renombrados hasta la señora que hacía los canapés tan ricos que siempre se terminaban a los 10 minutos de iniciado el brindis.

Cuando fui electo presidente de ese colegio, el gobernador del estado señor Enrique Burgos García, para sorpresa de muchos, acudió a mi toma de protesta. Después, un funcionario de su gobierno me dijo: “Tendrías un buen futuro político si fueras queretano”. “Lástima, no pretendo tal futuro, pero sí a ser adoptado por esta entidad”, le señalé.

La participación gremial provee categorías sociales y profesionales a través de las cuales una psicóloga o un psicólogo o cualquier otro profesionista pueden identificar y definir sus intereses y emprender la búsqueda de espacios laborales y un crecimiento profesional. La identidad de ser un psicólogo colegiado se construye por su filiación-diferenciación y se obtiene un reconocimiento por los valores de solidaridad y de servicio que se asumen.

¿Por qué algunos profesionales participan en una organización gremial y otros no? No hay respuesta única. Tiene que ver con una mentalidad cívica y experiencias de colaboración desde temprana edad, que requiere de estímulos y refuerzos constantes. Sin embargo, conforme se conoce en esencia lo que es una asociación y un equipo de trabajo, las motivaciones pueden superar adversidades como la lucha de poderes, el tiempo requerido y el dinero personal utilizado para cumplir con los intereses individuales y colectivos. No todo profesionista está preparado para ser un militante gremial.

No solo es una cuestión de sociabilidad, es también cumplir el sentido de ayuda hacia los demás, de pensar en un bienestar comunitario, de solucionar problemas que lastiman a muchos y de continuar con una formación académica y profesional. Más que ser una actividad de generosidad, es tomar conciencia de las necesidades sociales y actuar con plena empatía.

Sería un gran dilema que pudiera existir una ley que obligue a todo profesionista a formar parte de un colegio de profesionales. Hay normas que sí lo requieren para los médicos, los arquitectos, los abogados, los actuarios, entre otros, pero en muchas de sus organizaciones los conflictos son más frecuentes, pues se persiguen intereses lucrativos y políticos. Pero quizá es necesario incorporar personajes de diferentes culturas, diversidad de pensamiento, género, etcétera, aunque lo complicado es que se dé una uniformidad de responsabilidades.

En la dinámica de funcionamiento de las organizaciones gremiales no gubernamentales hay mucho escrito, pero nada definido como lo ideal y conveniente. Se construye de periodo a periodo, con el estilo personal de quienes están al frente y de quienes aceptan el reto de colaborar para un beneficio colectivo.

Los intereses individuales no colaborativos son efímeros, pasajeros en una organización y muchas veces poco empáticos.

* Presidente del Colegio Estatal de Psicólogos de Querétaro, AC, y Psicólogo clínico adscrito al Hospital General del IMSS-Querétaro.