El poder debe detener al poder…

El 6 de abril de 2020 ─en este mismo espacio─ hice referencia a cómo el presidente estaba ejerciendo el poder, sin ninguna limitación… en forma absoluta; y lo alarmante que resultaba que pretendiera colocarse por encima de las leyes vigentes y que su voluntad fuera la ley suprema.

“El estado soy yo”, la frase atribuida al rey de Francia Luis XIV (‘El Rey Sol’) ─reitero lo dicho entonces─ es el mensaje que el presidente Andrés Manuel López Obrador lanza en cada una de sus acciones… y en las que claramente puede apreciarse ─parafraseando al ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), José Ramón Cossío Díaz─ “su incomprensión del estado de derecho”.

Acariciar el ansiado poder ha trastornado al Señor Presidente, al punto de considerar que él es el único poseedor de la verdad y que el Poder Ejecutivo es el Estado mismo… de ahí que le parezca lógico pedir al presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y del Consejo Federal de la Judicatura (CFJ), Arturo Zaldívar, investigar al juez que osó suspender su nueva Ley de la Industria Eléctrica (LIE); al igual que solicitó a la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Dulce María Sauri Riancho, investigar las “equívocas afirmaciones de la Auditoría Superior de la Federación” en su Tercera Entrega de Informes Individuales de la Fiscalización Superior de la Cuenta Pública 2019, particularmente en relación con la cancelación del aeropuerto de Texcoco.

¿Y si el Poder Judicial de la Federación se atreviera a frenar su reforma eléctrica por considerarla inconstitucional? Faltaba más, ¡pues se reforma la Constitución!

“Yo estoy seguro que no es inconstitucional la reforma, pero si lo determinan jueces, magistrados, ministros, que es inconstitucional y que no puede proceder, enviaría yo una iniciativa de reforma a la Constitución; porque no puedo ser cómplice del robo, del atraco, no puedo aceptar que particulares dañen la hacienda pública y afecten la economía popular y sobre todo afecten la economía de los más pobres”; desafió, sin el menor recato.

Y, sin embargo, asegura que respeta la autonomía del Poder Judicial y disfraza cínicamente su indebida intromisión de “libertad de expresión”: “Así como respeto y respetaré siempre la aplicación del derecho de amparo y la independencia del Poder Judicial, ejerceré también a plenitud mis facultades como presidente de la República y mis libertades como ciudadano, y no callaré ante el pillaje y la injusticia”.

Pero, además, recurre a la amenaza: “El Poder Judicial era como ‘El castillo de la pureza’, nunca se castigaba a un juez, a un magistrado, a un ministro”… pero ya llegó quien sí se atreve… ¡Zaz!

Así las cosas, hoy más que nunca deberíamos tener presente la advertencia de Montesquieu: “Todo hombre que tiene poder se inclina a abusar del mismo; él va hasta que encuentra límite”. Para que no se pueda abusar del poder hace falta que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder…”.

Pero para ello, este país demanda que “los otros” que ostentan el poder venzan su actitud timorata y sumisa ─verbigracia, el Auditor Superior de la Federación, David Colmenares; y el propio presidente de la Corte, Arturo Zaldívar, por citar solo dos casos─ y cumplan el juramento que hicieron de guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo que hoy ostentan.

¡México lo merece!