La Asistente

La Lazarilla

“Eres inteligente. Si te contrataron, tienes que ser inteligente. Es un trabajo difícil, pero puedo ver que tienes lo que se necesita”.
The assistant (2019)

“Si tocan a una, respondemos todas”, cantamos las mexicanas al son de “Canción sin miedo”, de Vivir Quintana, porque las mujeres (y no solo las mexicanas), hemos despertado, así que tiemble el Estado, los cielos, las calles, porque las mujeres, le guste a quien le guste, somos revolución.

A donde sea que mire hoy en día, hay una de ellas luchando por una mejor sociedad: las Pussy Riot en Rusia, Malala en Pakistan, Eliza Hittman en Estados Unidos, Lastesis en Chile y, por supuesto, en Australia, Kitty Green, directora del filme “La asistente”, quien, con su ópera prima de ficción, nos invita a analizar los entornos laborales tóxicos y el acoso sexual laboral.

La película narra la historia de un día de trabajo de Jane, una de los tres asistentes de una importante casa productora en Hollywood y cómo el abuso de poder en la industria del entretenimiento transforma a las personas en seres cínicos ante cualquier tipo de abuso en el entorno laboral. Es una pieza sublime que prefiere centrarse en el ambiente laboral tóxico como antagonista del relato, por encima del victimario físico, como podrían llegar a ser los Harvey Weinstein de Hollywood.

En pocas palabras, “La asistente” habla del sistema arcaico y represor del que todos formamos parte. Es una cinta que incomoda porque hace cómplice a la audiencia del abuso laboral, porque todos hemos estado en una situación similar. Desde reclamos humillantes por cometer errores en los pedidos de los alimentos, pasando por una mujer que orquesta entrevistas falsas con el productor de la cadena, que se sabe abiertamente que es un predador sexual, hasta llegar a una denuncia en recursos humanos que acaba por hacer sentir culpable y humillada a la denunciante; es entonces cuando nos queda claro que en muchos momentos de la cadena este abuso de poder pudo haber sido detenido por alguien, el problema es que nadie se decide hacerlo. Y así todos los días.

Con planos cerrados y generalmente en picado para hacerla ver más pequeña, Kitty Green retrata a una Julia Garner presa de un sistema caduco en el que, si sale, deberá renunciar a sus sueños en la profesión que eligió, dejándole como única salida volverse parte del podrido sistema, porque por mucho que podamos decir que hubiéramos actuado distinto a ella, la verdad es que solo muy pocos lo harían.

Quizá sea solo yo, pero creo que la voz de las mujeres en el cine y las artes en general últimamente tiene algo mucho más interesante que decir que las voces masculinas y no me refiero a que sean mejores películas, simplemente creo que el utilizar la voz para poner sobre la mesa temas como estos me deja a mí personalmente un sabor de boca a revolución y resiliencia. Un sabor de boca refrescante del que me quiero seguir empapando.

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