Palabras de abundancia

No te culparía, lector/lectora, si estos tiempos de pandemia el foco de tu atención se centra en aquello que solías tener y de lo que ahora careces: libertad, abundancia, tranquilidad, solidez económica. El vendaval se ha llevado, inclusive, a algunos de nuestros seres queridos.

Lo que nadie nos puede quitar es la esperanza, la convicción de que, en su momento, no solo recuperaremos mucho de lo que se nos ha quitado. Las buenas nuevas son que no tenemos que esperar al futuro para recuperar la paz interior y la alegría, sino que en realidad las seguimos conservando. Lo único que tenemos que hacer es poner atención y constatar que, de hecho, siguen ahí, aunque nos resulte difícil creerlo.

El escritor Martin Rubin nos ayuda a documentar nuestro optimismo cuando afirma: “El pesimista ve un vacío, lo que yo veo es todo aquello que llena ese vacío”. Se fue uno de nuestros seres amados pero conservamos, intacto, su amor; pasamos por carencias, sí, pero estas han dejado a la vista el tesoro de nuestra riqueza interior, ya que la abundancia no es lo que sostienes en tus manos, sino aquello que llevas en tu corazón. Por ello la autora Marianne Williamson nos extiende esta invitación: “Si permaneces vigilante de tu abundancia interior (abundancia de integridad, abundancia de perdón, abundancia de servicio, abundancia de amor), entonces las privaciones externas solamente serán temporales”. En suma, cuando hablo de abundancia me refiero a las virtudes sin límites que nacen del venero de un corazón agradecido.

Escuché en días pasados un ‘podcast’ que recomiendo ampliamente: Alquimia emocional, que puede encontrarse en Spotify y otras plataformas. En el episodio Cambia tus palabras, la terapeuta María Fernanda Pérez se refiere a la autoconciencia, que es uno de los ingredientes esenciales de la inteligencia emocional, que nos faculta a -para decirlo en sus propias palabras- “ser conscientes de cómo somos, cómo pensamos, sentimos, actuamos, reaccionamos”, para así evaluar hacia dónde queremos movernos como personas.

Una manera directa de darnos cuenta del estado presente de nuestro ser interior es hacer nota de algunas de las frases que solemos utilizar en el diálogo que sostenemos de manera permanente en nuestra mente, e inclusive con otros.