¿Qué tan productivas son tus reuniones Zoom? (parte 5)

Seguramente has tenido la oportunidad, lector/lectora, de participar en reuniones por Zoom o Google Meet en las que se encontraban individuos que en lo personal no conocías y que también habían sido invitados. En mi caso, hace poco asistí a un evento virtual de este tipo: el cumpleaños de una pequeña sobrina que vive fuera de Querétaro.
Como era de esperarse, asistieron todo tipo de parientes, a quienes me dio gusto ver y saludar. Sin embargo, se encontraban también entre la concurrencia parientes políticos de otras ramas de la familia y amistades de los padres de la festejada, a quienes no pude identificar y con quienes, por obvias razones, no me fue posible interactuar a pesar de la evidente cordialidad que privó en todo momento.
No obstante, Zoom puede también convertirse en una caja de Pandora en la que la heterogeneidad de los participantes dé lugar a malentendidos o conflictos. Esto es precisamente lo que sucedió en otra reunión virtual, en la que fungí como moderador y a la que asistieron 35 personas. En determinado momento, Ofelia (nombre ficticio) expresó su punto de vista y otro de los participantes (al que llamaremos Rigoberto) le hizo ver que no estaba de acuerdo y le explicó por qué. Esto me pareció de lo más normal, sobre todo porque el intercambio de ideas había sido respetuoso.
Sin embargo, en dos ocasiones más se repitió el mismo patrón: Ofelia hablaba y Rigoberto disentía. No me preocupé mayormente, pensando que era inevitable que en un grupo de ese tamaño no todos pensaran igual, sobre todo porque algunos no se conocían entre sí, que era el caso de los dos mencionados.
Al final de la sesión, se retiraron todos y solo se quedó Ofelia. Me dijo: “Me sentí sumamente incómoda por la actitud de Rigoberto, pues nada de lo que yo decía parecía gustarle; no sé si le caí mal o qué sucedió”. Le agradecí que me compartiera su inquietud y le respondí: “Yo conozco a Rigoberto y considero que es una buena persona, pero también me queda claro que suele decir las cosas de manera demasiado directa, por lo que entiendo que, con toda razón, te hayas sentido lastimada”. A manera de solución, le ofrecí hablar con él en privado para aconsejarle que en lo sucesivo dijera las cosas con más suavidad. Por fortuna, la situación dejó de repetirse en futuras sesiones.
En su obra “Comunicación en un mundo cambiante”, Beth Dobkin presenta algunas estrategias para prevenir el conflicto en este tipo de situaciones: 1) Toma en cuenta los sentimientos de los demás. 2) Escucha a los demás y muéstrate dispuesto a modificar tu punto de vista si es necesario. 3) Procede con cautela si detectas tensión en otros. 4) En aras de la armonía, céntrate en aquello en lo que coincides con los demás y no en lo que te distanciaría de ellos. 5) Trata de ser persuasivo, esforzándote en vender tus ideas, de tal forma que no parezca que deseas imponerlas. 6) Busca una solución que satisfaga las necesidades de todos. “Aunque es difícil manejar las discusiones de la vida real -precisa Dobkin-, si ambas partes se esfuerzan sinceramente por analizar los problemas, a menudo es posible integrar los distintos puntos de vista en una solución”.