¿Qué tan productivas son tus reuniones Zoom? (parte 3)

Tomando en cuenta la diversidad de personas que se conectan por Zoom en los tiempos de pandemia, la posibilidad de desacuerdos, malentendidos e inclusive conflictos se multiplica exponencialmente. Por ello, en la entrega anterior subrayé la importancia de aprender a comunicarnos de manera efectiva por tan socorrido medio.
Posiblemente, lector / lectora, hayas tenido la oportunidad de participar en reuniones por Zoom a las que hayan asistido numerosas personas. En mi caso, recientemente tuve el honor de figurar de invitado en una plática que impartió el escritor Benito Taibo, por ese medio, a más de 300 estudiantes de preparatoria del Tec de Monterrey campus Querétaro.
Siendo realista, las cosas fácilmente pudieron haberse salido de control con tantos adolescentes a la vez, más aún sabiendo que se encontraban en lugares diferentes. Para satisfacción -y orgullo- de sus maestras, también presentes, todos se comportaron a la altura. Sabiéndose bienvenido, el literato relató una serie de deliciosas anécdotas desde la comodidad del patio de su casa, en Coyoacán, y nos confesó que nunca se imaginó que habría tantos alumnos conectados a la vez cuando se le invitó a impartir la charla.
Al concluir su presentación, una decena de los estudiantes tuvo oportunidad de hacerle preguntas (todos habían leído su más reciente novela en clase). Taibo les puso una sola condición, a la cual accedieron solícitos: “Enciende tu cámara, para saber con quién hablo”.
Debo admitir que esta es una de las mejores charlas a las que he asistido.
Caso contrario es el de un video que circuló hace poco en las redes, en el que se puede ver a un profesor universitario dando su clase por Zoom. Una de sus alumnas, enferma de Covid (y cuyo abuelo trágicamente había fallecido el día anterior a causa de lo mismo), le pide que le reciba una tarea atrasada. El docente no solo se niega, sino que agrega con sorna: “Yo no soy la Basílica de Guadalupe, en donde van a hacer sus peticiones para que les hagan milagros”.
Si algo similar hubiera sucedido en una clase tradicional, jamás nos hubiéramos enterado. Sin embargo, para su mala fortuna, uno de sus alumnos subió el video a YouTube. La verdad, poco importa si su universidad lo sancionó o no, pues de ahora en adelante tendrá que vivir con el estigma.
John-Paul Flintoff, un escritor y conferencista británico, publicó el domingo un artículo en “The Guardian”, en el que refiere cómo ha sido su experiencia de impartir sus pláticas por Zoom a causa de la pandemia. “He aprendido que no tengo control sobre lo que la gente piense de mí. Siendo claro, esto me parece bueno, pues significa que soy libre de decir lo que quiero”. No estoy seguro de que el profesor de marras pudiese decir lo mismo, ya que decir lo que uno quiere no lo libera a uno de la responsabilidad de decirlo o de la manera de decirlo, pues hay consecuencias.
Para concluir, mucho agradezco a Benito Taibo la lección que nos deja: Zoom es una herramienta milagrosa, pues nos abre la posibilidad de conectar, de manera significativa, con múltiples y variadas personas a la vez.