El futuro de las y los psicólogos

Covid-19

Quienes estamos acostumbrados a leer los periódicos impresos, sabemos que no toda información que aparece publicada es importante para uno o quizá no es de los temas de interés que buscamos. Regularmente separo la sección del Aviso Clasificado, la de Sociales y, dependiendo el nombre del periódico, la columna Editorial (casi siempre es tendenciosa y con posturas muy radicales).

En los últimos meses se han incrementado los reportajes en torno a la salud mental de las personas, con recomendaciones de prevención y describiendo afectaciones por la pandemia COVID-19. Curiosamente, así como la información médica sobre el “nuevo coronavirus de tipo 2”, conocido como COVID-19, el cual genera el “síndrome respiratorio agudo severo” (SARS-CoV-2) y que terminó llamándose “el virus de la COVID-19”, también la información sobre la salud mental tuvo su proceso de reconocimiento y de cambio de conceptos. Hace meses se leía que el coronavirus traería “trastornos de pánico” en la población y que por el confinamiento iniciado surgiría el “síndrome de la Cabaña” y niveles altos de “depresión”.

A estas alturas, sabemos que no todas las personas están reaccionando con alteraciones psicológicas ante la pandemia y que la “depresión” que aparece en algunas de ellas no es la típica depresión clínica, prolongada e incapacitante, que tenga que atenderse con medicación por 12 meses. Es más, estamos seguros de que el famoso coronavirus no es causante de alteración psicológica alguna. Es solo un problema de conveniencia y de lectura personal.

Las famosas “angustias y depresiones” son resultado de una acumulación de pensamientos, emociones y actitudes, que cada persona asume ante las medidas restrictivas y sanitarias que las autoridades han impuesto, y que no se han canalizado adecuadamente. Hay muchos sujetos que no se sienten amenazados por las medidas sanitarias o simplemente han tenido habilidades adecuadas para afrontar los dilemas e inconvenientes que les pudieran causar. Pero también, muchos sectores de la población, desde menores hasta adultos mayores, han mostrado tristeza, angustia, irritabilidad o conductas inadecuadas (agresivas o indiferentes) en su vida cotidiana por el mal manejo de sus respuestas. Esto es, los diferentes enfoques de la psicología nos dan perspectivas de diagnóstico e intervención muy variadas. Esto lo demuestra la diversidad de declaraciones a cargo de psicólogos, psiquiatras, psicoterapeutas y médicos en general. Al igual que muchos médicos no dan explicaciones coincidentes o basadas en evidencias científicas, los profesionales de la salud mental también caemos en ese inconveniente y nos sujetamos a la creencia que asuma la población.

Con el propósito de impulsar el cuidado de los contenidos y posturas en salud mental dirigidos a la población, y fortalecer el ejercicio profesional de los psicólogos, los integrantes del Colegio Estatal de Psicólogos de Querétaro, AC (Coepsique), han suscrito un compromiso gremial para los próximos años, que permita ubicarnos en un nivel competente, actual y ético, en la práctica clínica y psicoeducativa ante la pandemia de la COVID-19.

Este acuerdo implica marcar un límite (máximo y mínimo) en los honorarios por los servicios asistenciales y los privados que ofrezcamos; conformar un Grupo Temático de Salud Mental para el estudio e investigación; generalizar la capacitación en temas de primeros auxilios psicológicos; evaluación del duelo, ansiedad y depresión; psicometría, expediente psicológico, código ético y aspectos legales de la profesión. También dar cumplimiento del servicio social profesional; promocionar ofertas de empleo solo a profesionales agremiados o de acuerdo con un directorio gremial, clasificado por competencias profesionales.

Ante la gran cantidad de profesionales y pseudoprofesionales de la psicología que han tenido presencia en estos tiempos de pandemia, se espera que el público usuario acredite la adecuada formación de quien elija para que lo atienda. El gremio se ha anticipado para intervenir de la mejor manera.

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