WhatsApp y periodismo

Durante días, el famoso “run-run” de las nuevas condiciones de uso del servicio de mensajería instantánea WhatsApp nos han traído en el chisme sobre si vale la pena seguir usando esa herramienta o si será un abuso que nuestra información sea vendida al mejor postor.
Facebook, empresa dueña desde 2016 de la famosa ‘app’ de mensajes, avisó que en febrero habría nuevas reglas y que se tomaba el derecho (gandalla) de usar la información que compartimos para “otros fines”.
La suposición es que Facebook quiere tener acceso a nuestros contactos para ampliar su base de datos de clientes y seguirla vendiendo a quien quiera pagar por ella, aunque sean bandas dedicadas a la extorsión.
Esa es la razón por la que Mark Zuckerberg se volvió millonario dándonos acceso a una aplicación gratuita. Vendió toda la información que ingenuamente le dimos al abrir un perfil de Facebook y que le seguimos dando con cada publicación que hacemos.
¿Qué implicaciones tiene este asunto de WhatsApp con el periodismo?
WhatsApp tuvo un crecimiento exponencial a partir de 2015, cuando pasó a ser la herramienta de mensajería instantánea más usada en el mundo y no hay una sola persona adulta en edad productiva que no esté en al menos un “grupo” de trabajo.
Las y los periodistas también usan la herramienta para intercambiar información, datos, fotos, videos, audios y para hacer que nuestras publicaciones les lleguen a otras audiencias.
El asunto es que las y los periodistas pocas veces han reparado en el tema de la seguridad y analizar realmente qué tanto pueden ser intervenidas nuestras comunicaciones en este tipo de aplicaciones.
Por eso ahora que Facebook anuncia que serán más intrusivos, el tema de la seguridad digital para periodistas se vuelve aún más importante, porque no necesitamos modelos de espionaje empresarial como este.
Desde 2015 decidí darle mayor énfasis al tema de seguridad digital en los talleres de autoprotección para periodistas que he venido impartiendo desde 2010 y las aplicaciones de mensajería instantánea están siempre en la discusión.
Por supuesto que la primera que quedó descartada para la eternidad es la propia Facebook Messenger, precisamente porque no garantiza nuestra privacidad ni tiene posibilidad de encriptar mensajes de punto a punto.
WhatsApp lo tiene y es eficiente, pero las nuevas reglas ya no lo van a garantizar.
Y Telegram se puso de moda
Ahora con el escándalo de WhatsApp, millones comenzaron a migrar a Telegram, ‘app’ de mensajería creada por dos hermanos rusos que tenía ciertos criterios de seguridad más robustos.
En dos días la empresa propietaria de este servicio confirmó que recibió 500 millones de nuevos usuarios y usuarias.
Telegram no es una mala herramienta. Permite activar conversaciones secretas y programar la autodestrucción de los mensajes, peeerooooo, siempre y cuando las personas que intercambian mensajes la activen, de lo contario NO HAY seguridad en los mensajes y siempre podrán verse desde los servidores de sus creadores y por lo tanto son fáciles de intervenir por terceras personas.
Cambiarse a Telegram sin conocer bien la herramienta no hará las cosas distintas.
Y en adición hay otros servicios de mensajería instantánea que de facto garantizan el cifrado de punto a punto. Dos muy buenas son Signal y Chat Secure. Signal, a diferencia de Chat Secure, sí permite crear grupos y listas de distribución como WhatsApp y Telegram, pero mucho más seguros.
Una tercera y mucho más segura es Confide, que autodestruye los mensajes una vez que son leídos, aunque el remitente o el destinatario no quieran.
Sin embargo, aquí vale la pena insistir en la recomendación más importante a la hora de tener comunicaciones digitales: cada quien es responsable de lo que comparte y si no queremos que alguien sepa algo, entonces NO lo compartimos por ningún servicio de mensajería.

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*Periodista, autor del “Manual de Autoprotección para Periodistas” y de la “Guía de buenas prácticas para la cobertura informativa sobre violencia”. Conduce el programa “Periodismo hoy”, que se transmite los martes a las 13:00 h, por Radio Educación.