Es momento de incorporar nuevos hábitos (parte 1)

Groucho Marx, el legendario comediante, era también un gran maestro. Me enseñó el valor que le pueden agregar a nuestras vidas los buenos hábitos, es decir, los que surgen de lo profundo del corazón. “Cada mañana -compartió en una ocasión-, cuando abro los ojos digo para mí mismo: tengo el poder de sentirme feliz o infeliz el día de hoy. Puedo optar por una de ambas posibilidades. El ayer murió y el mañana no ha llegado aún. Solo dispongo de este día para decidir. Y lo que decido es que hoy habré de sentirme feliz”. Su gran lección para nosotros fue revelarnos cómo practicar el hábito de la felicidad.
Disponemos, pues, del poder de escoger nuestros hábitos. Y esto es lo mejor que podemos hacer, pues -de lo contrario- entrarán a nuestra morada sin permiso y se instalarán a sus anchas. Si son buenos, qué bueno. Y si son malos, vaya que nos será difícil deshacernos de ellos.
Algunos de los malos hábitos que se nos colaron porque les dejamos la puerta abierta son del todo conocidos: fumar, chismear, adicción a las redes sociales, comer comida chatarra, comerse las uñas, dejar las cosas a medias, comprar de manera impulsiva o compulsiva, tener la casa hecha un desorden, dedicarle incontables horas a Netflix, inclusive seguirnos aguantando con un trabajo que no nos satisface. Y estoy seguro que tú, lector/lectora, podrás contribuir con muchos otros ejemplos de cosas que acostumbramos que nos resultan nocivas.
En su libro “Cómo formar buenos hábitos”, Joyce Meyer aconseja: “Pon atención a tus pensamientos, pues se convierten en palabras; pon atención a tus palabras, pues se transforman en acciones; pon atención a tus acciones, pues se convierten en hábitos; pon atención a tus hábitos, pues revelan tu carácter; pon atención a tu carácter, pues se convierte en tu destino”.
La palabra hábito tiene su origen en el latín ‘habitualis’, que significa apariencia o vestimenta. Pensemos en el traje que visten los integrantes de una orden religiosa y que se llama precisamente así: hábito. Con el tiempo, la costumbre de vestirse de determinada manera se extendió a cualquier cosa que acostumbramos a hacer.
Si nos ponemos a pensar, la mayor parte de nuestras acciones cotidianas es producto de nuestros hábitos: asearse, comer, trabajar, descansar. James Clear argumenta en su libro “Transforma tus hábitos” que el tipo de vida que llevamos es el resultado de nuestros hábitos. Algunos de estos hábitos son indispensables para nuestra supervivencia (procurar el alimento diario) y otros son por elección propia (leer, cantar). Estos últimos pueden dividirse en buenos y malos, pero esto ya dependerá de cada quién. Leer es, sin duda, un buen hábito, pero pasársela el día leyendo quizás ya no sea tan bueno, a menos que trabajemos en una casa editorial.
En estos meses de pandemia, algunos de los hábitos que nos han ayudado a mantenernos vivos son (y no está de más recordarlo) usar el cubrebocas y guardar una sana distancia de otros. Prueba de ello es que, tristemente, algunos de quienes no supieron, o no quisieron, incorporar estos hábitos han pagado un alto precio por tan costosa omisión.
En la siguiente entrega, me referiré a algunos otros hábitos que podríamos incorporar para salir airosos de este y otros retos que nos pone la vida.