Educación para la muerte

El tema de la tanatología es uno muy actual, no solamente porque es la disciplina que aborda el trabajo del duelo por pérdidas significativas, sino también porque es asunto que se trata en conferencias y cursos para informar a la población en general y formar al personal de salud. Las muertes causadas por la delincuencia, el Covid-19, las enfermedades terminales, los accidentes, las adicciones, el suicidio y otras causas, así como el perder la salud, una relación de pareja, un empleo o el simple hecho de migrar de un lugar a otro, generan un proceso natural de duelo que puede llegar a ser doloroso o tramatizante.

La muerte es vista desde muchos enfoques y teorías. Desde aquella que se re-niega de ella y no se quiere hablar, tratando de ocultar sus circunstancias; pasando por la proyección hacia lo espiritual, el espectáculo y la trascendental filosofía, hasta la que se muestra como real, evidente, inevitable, necesaria y científicamente explicable, en cuerpo y mente. La forma más común y aceptable de hablar de la muerte es en un tono irónico y risible. La tradición de Día de Muertos es comercial, religiosa, cultural, artística y divertida.

Mientras menos hablemos de la muerte, la tendremos poco presente en nuestros pensamientos y emociones de forma dolorosa, negativa o de mal gusto. Es mejor enterrarla. Aunque recordemos que la muerte aparece desde el nacimiento de la vida y que los niños y las niñas pueden tener un acercamiento temprano a ella por la muerte de un familiar, de una mascota, por el temor que le causa el “fantasma de su habitación” o por la contemplación de películas infantiles como «Bamby», «El rey león», entre muchas otras. Los padres entran en conflicto al no atinar en cómo informar o manejar una situación de muerte ante sus hijos, quizás esperan que en la escuela le respondan muchas preguntas al respecto. Sin embargo, al igual que el tema de la sexualidad y el sexo, se carece de una didáctica para su enseñanza y por ello se procura ocultar, con las consecuencias de generar mitos, tabúes y deformaciones que traerán respuestas y conductas indeseables a futuro.

Por ello, resulta muy pertinente y actual pensar en una educación para la muerte en donde lo científico y lo pedagógico tuvieran presencia desde la etapa escolar, así como en la educación comunitaria.

La vida tiene el propósito de ir construyendo estados de bienestar y satisfacción, de vivir plenamente para alcanzar como objetivo el momento de morir. Pero para esto tenemos que aprender muchas habilidades, estar en condiciones y asumir el compromiso para que así sea. Se dice que una buena vida trae una buena muerte, justo es pensar que para morir tenemos que aprender no solo de la cultura, sino de la ciencia, de la religión y de todos los enfoques señalados para descubrir los enigmas del morir. No tenemos tradición educativa para la muerte, solo información sin conocimiento. Así como en la sexualidad se han derribado tabúes, así debe ser en cuanto al destino final del hombre y la mujer que se va construyendo paulatinamente, con madurez y conciencia.

¿Llegará el momento en que podamos mirar a la muerte de forma directa, diferente que mirar al sol?

* Presidente del Colegio Estatal de Psicólogos de Querétaro, AC, y psicólogo clínico adscrito al Hospital General del IMSS-Querétaro.