De esta madera está hecho el éxito

De vez en cuando le hago esta pregunta a mis alumnos universitarios: “¿Dónde te ves dentro de cinco años?”. Este ejercicio les permite generar una visión personal, cuyo propósito final es consolidar un sentido de vida. Quienes tienen claridad sobre sus planes futuros, dan respuestas asombrosamente específicas: “Me veo trabajando en tal o cual empresa”, “abriré mi propio negocio”, “me encontraré viajando por el mundo”, etcétera. Otros no tienen idea de lo que quieren hacer. Tras completar el ejercicio, les digo que tener una visión personal es importante. No lo sería si a las empresas no las guiara la llamada visión organizacional.

Sin embargo, algo sucedió esta semana que me hizo reconsiderar la necesidad de tener una visión personal. Un amigo está tomando un curso virtual con Eckhart Tolle, autor del libro “El poder del ahora”, hasta ahora traducido a 33 idiomas. Esto es lo que me compartió sobre el tema que cubrió el maestro esta semana: le hizo ver que no es necesario tener una visión personal para ser exitoso en la vida. Tenerla ciertamente ayuda, pero no es indispensable y lo explica de la siguiente manera: “A algunas personas les atrae determinada actividad específica y la disfrutan tanto que poco a poco esta se va desarrollando y acaba por convertirse en algo realmente grande. Ante los ojos del mundo, se vuelven exitosos. Yo he conocido a algunos y me consta que nunca tuvieron un plan de vida en particular”.

Lo que distingue a estos individuos es el profundo gozo que sienten al realizar lo que llevan a cabo, trátese de investigar, escribir, salvar vidas, ayudar a los necesitados (pensemos en la Madre Teresa), jugar tenis, diseñar casas o pintar cuadros. Se consagran de tal manera a aquello que les apasiona, que ni siquiera se ocupan de hacer planes para convertirse en el personaje que acaban siendo.

Tolle menciona a Oprah Winfrey, la figura mediática, con quien ha conversado en repetidas ocasiones. “Si recuerdo bien -apunta-, me dijo que no tenía un plan. Simplemente se le fueron dando las cosas. Se dedicaba en cuerpo y alma a lo que hacía, así que no le resultó necesario recurrir a algún plan grandioso. Todo sucedió de manera natural y orgánica”.

Dada su intensa actividad, el maestro también ha estado en contacto con reconocidas figuras que representan el caso contrario. En los inicios de su carrera como actor, Jim Carrey -protagonista de éxitos como “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”- colocó en su cartera un cheque por 10 millones de dólares a su nombre. De cuando en cuando lo sacaba, lo contemplaba y se lo volvía a guardar. Años después, en efecto, recibió su primer pago de 10 millones por una de sus películas: el cheque se volvió real. Sin embargo, no le bastó con proponerse ser famoso. También disfrutaba enormidades su labor histriónica, que siempre ha emprendido con gran intensidad, como a todos quienes lo hemos visto en el cine nos consta.

Así que la próxima vez que le pregunte a mis alumnos cómo se ven a futuro, les diré que no es importante si su visión resulta profética o no. Los invitaré, en cambio, a gozar de tal manera aquello que decidan hacer en su vida, que cuando volteen hacia atrás se sientan orgullosos y satisfechos de lo mucho que han logrado.