La representante del Presidente…

Sorpresa y una gran polémica en redes sociales causó el mensaje del presidente de la República Andrés Manuel López Obrador ─el pasado 8 de octubre─ de que su esposa Beatriz Gutiérrez Müller se encontraba de viaje por Europa, con su representación.
“Beatriz está visitando en mi representación a gobernantes y jefes de Estado de Europa para conseguir códices, piezas y objetos arqueológicos e históricos de México que serán exhibidos el próximo año con motivo del Bicentenario de nuestra Independencia”; expresó el mandatario, en Twitter.
En julio del 2018, días después de su triunfo, López Obrador declaró: “ya no va haber la figura de primera dama y Beatriz no va desempeñar ningún cargo” (sic); incluso, la propia Gutiérrez Müller manifestó entonces: “Efectivamente: no seré primera dama de México. Ya antes he dado mis razones. Por lo tanto, tampoco la presidente honoraria del DIF ni de ninguna otra institución pública federal, estatal o municipal”.
Sin embargo, cuatro meses después ─en su calidad de presidente electo─ Andrés Manuel anunció la creación de la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México, cuya presidencia del Consejo Asesor Honorario recaería en su esposa.
Casualmente, un día antes de que concluyera la administración de Enrique Peña Nieto ─el 30 de noviembre de 2018─ el Diario Oficial de la Federación (DOF) publicó un decreto en el que, entre otras cosas, se reformaba el Artículo 8 de la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal (LOAPF) relativo a la Oficina de la Presidencia de la República, para incluir entre sus funciones: “III. Difundir y proyectar el derecho a la memoria de la Nación, en coordinación con las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal”.
El 9 de diciembre de 2019, ya como presidente, López Obrador expidió y publicó en el DOF el Reglamento de la Oficina de la Presidencia de la República; cuyo Artículo 37 enumera las 12 atribuciones de esta unidad de apoyo técnico, denominada Coordinación de Memoria Histórica y Cultural de México; entre las que se encuentran: “VIII. Concertar acciones de cooperación con instituciones públicas y privadas, nacionales e internacionales, y la sociedad en general (…) XI. Coordinar acciones y, en su caso, suscribir convenios de colaboración con órganos constitucionales autónomos, gobiernos de las entidades federativas y municipios, poderes Legislativo y Judicial de la Federación y de las entidades federativas, instituciones privadas, públicas, nacionales e internacionales y con la sociedad en general, cuya finalidad sea la de impulsar el ejercicio del derecho a la memoria”.
¿Fue entonces un reglamento ─instrumento normativo por debajo de la Constitución, tratados y leyes─ el fundamento legal para que la señora Gutiérrez Müller se reuniera con los presidentes de Austria, Alexander Van der Bellen; de la República Italiana, Sergio Mattarella; y con el Papa Francisco en “representación” del Presidente de la República?
¿Entonces por qué ─como reveló ella misma y reiteró la Secretaría de Relaciones Exteriores en varios comunicados─ solo “atestiguó” la firma de las cartas de intención con la Biblioteca Nacional de Francia, la Biblioteca Nacional de Austria y el Archivo Central del Estado de la República Italiana?
La Constitución es muy clara: “Se deposita el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo de la Unión en un solo individuo, que se denominará ‘Presidente de los Estados Unidos Mexicanos’” (Art. 80); y entre sus facultades y obligaciones está el “Dirigir la política exterior y celebrar tratados internacionales (…) sometiéndolos a la aprobación del Senado” (Art. 89, fr.X).
Y toca a la Secretaría de Relaciones Exteriores (Art. 28, LOAPF) “conducir la política exterior, para lo cual intervendrá en toda clase de tratados, acuerdos y convenciones en los que el país sea parte”; asimismo, al servicio exterior corresponden las actividades diplomáticas, entre ellas, “promover el conocimiento de la cultura nacional en el exterior y ampliar la presencia de México en el mundo” (Art. 2, Ley del Servicio Exterior Mexicano).
¿Dónde quedó pues la “representación” de la que habló el presidente?… ¿en la firma como Beatriz Gutiérrez “de López Obrador” que pomposamente plasmó en el libro de visitas del Museo Quai Branly-Jaques Chirac, en París, Francia?