Retomemos lo aprendido en el kínder

¿Qué aprendiste en el kínder? De entrada, quizá te dirás, la pregunta me parece ociosa. ¿Cómo que qué aprendí? Y tal vez respondas: De verdad, no me acuerdo; o… aprendí a cantar canciones infantiles o jugar con plastilina, qué se yo, no viene al caso, ¿por qué?, ¿qué importa?
Y yo te diría: sí viene al caso y sí importa. Por lo menos esto es lo que dice Robert Fulghum en “Todo lo que hay que saber lo aprendí en el jardín de niños”, un libro que escribió en 1988 y que ahora es todo un clásico. Después de todo, este predicador evangélico, que luego se hizo escritor, no andaba tan perdido, pues se han vendido 17 millones de ejemplares de sus libros, en 27 idiomas.
La idea de esta obra le vino cuando advirtió que había almacenado demasiada información sofisticada en la cabeza y que realmente no le servía de mucho. “Me di cuenta entonces -comparte en sus páginas- de que ya sé la mayor parte de lo necesario para tener una vida plena; de que la vida no es tan complicada”.
Semejante razonamiento lo han recogido en años recientes propulsores del estilo de vida minimalista, como Joshua Fields y Ryan Nicodemus, quienes, en “Para una vida con sentido”, cuestionan la obsesión que tenemos por acumular, ya no conocimiento sino cosas: “Las posesiones materiales que acumulamos no nos harán felices. Todos los sabemos y aun así le queremos dar sentido a la vida acumulando posesiones. No obstante, la felicidad verdadera proviene de nuestro interior, de lo que somos”.
En la misma frecuencia, Marie Kondo, cuyo libro “La magia del orden” lleva 4 millones de ejemplares vendidos, afirma que nos hemos olvidado de la importancia de mantener nuestro hogar habitable, por lo que lo atiborramos de porquería y media. “Uno podría pensar -apunta- que al lugar donde vivimos se le daría la misma importancia que a lo que comemos y nos ponemos”. El remedio sugerido por la minimalista japonesa es sencillo: rodéate solo de cosas esenciales; no guardes nada en el clóset que no te cause alegría y pronto sentirás la energía creadora de regreso en tu espacio de vida.
Fulghum nos invita a retroceder por un momento a la infancia temprana para “resetear” nuestras creencias y valores. “A veces me asombro -escribe el predicador- ante aquello que no logramos comprender en el jardín de niños… Todo lo que necesitas saber está allí, en alguna parte”. A manera de ejemplo, nos comparte que una de las cosas que él aprendió fue “limpia tu desorden”. Si recordásemos esta sencilla regla, no solo procuraríamos -como Kondo- limpiar el desorden en la recámara, sino la falta de orden en nuestras propias vidas, tanto en el sentido existencial como psicológico.
¿Su consejo? Seguir cualquiera de estas otras instrucciones de la ‘miss’ en el kínder y aplicarlas a la vida familiar y al trabajo: compártelo todo, juega limpio, no golpees a nadie, pide perdón cuando lastimes a alguien. No resultaría tan complicado de hacer, ¿o sí?