Llegó el COVID y subieron los divorcios (parte 2)

El obligado confinamiento de los meses recientes ha traído como consecuencia, como apuntaba la semana pasada, un aumento en el índice de divorcios. La razón de fondo es simple: al sentirse “enjauladas”, muchas parejas entran en una fricción desgastante a causa de la convivencia obligada.
Si bien con la llegada del semáforo naranja se han relajado un tanto las restricciones, lo cierto es que en muchos hogares tanto el hombre como la mujer continúan trabajando de manera virtual desde casa. Y, por si fuera poco, se ven además obligados a hacerla de improvisados tutores de sus hijos en sus clases virtuales.
En declaraciones al diario chileno “La Nación”, Fernanda Barrera, directora de la carrera de psicología en la Universidad de San Sebastián, puntualizó al respecto: “Hay parejas que viven juntas y su desafío ha sido compartir un mismo espacio tanto tiempo, pues muchas veces la rutina cotidiana que incluye espacios fuera de casa esconde problemáticas de la pareja que ante el encierro aparecen”.
Tampoco es cosa de culpar al Covid por los divorcios, pues lo más probable es que el deterioro en la relación viniera de tiempo atrás, según apuntan los expertos. “Si la relación era ya frágil, la pandemia no es sino la gota que derramó el vaso”, señala Colette Fortin, una consejera familiar canadiense, en tanto que Gonzalo Gallo González, autor del libro “Crecer en crisis”, apunta: “Hay que entender que las relaciones, antes de la pandemia, tenían más espacios que ahora… con el confinamiento resurgieron los odios guardados y las rabias atoradas”.
Si la relación está desgastada, pero no ha llegado a un punto crítico, aún es tiempo de salvarla. Lo primero es restañar las heridas a través de la comunicación. En vez de desgastarnos culpando al cónyuge de nuestro infortunio, bien podríamos indagar por qué se siente como se siente, cuáles son sus expectativas y qué estaría dispuesto a hacer para atender las nuestras.
A decir de la catedrática antes citada: “quizás esta pandemia es la ocasión para construir relaciones de pareja saludables, donde dos personas se amen tal cual son y se apasionen por compartir juntas, desafiando las adversidades”. Sería, por ejemplo, deseable que ambos se sentaran a conversar sobre lo que contribuyó a cimentar su relación a lo largo del tiempo: aquellas inolvidables vacaciones en Ixtapa con los niños o los sacrificios que hubieron de hacer durante varios años para comprarse su primera casa.
Otra de las recomendaciones en los tiempos de hacinamiento forzado es la de asegurarse de respetar el espacio personal del cónyuge, pues estar bajo el mismo techo no significa pasársela todo el día juntos. Si a ella le gusta leer, puede salir al jardín por la tarde, y si a él le relaja ver Netflix, puede quedarse en la recámara a ver su serie favorita. O bien, mientras papá acompaña a Juanito en su clase virtual matutina, mamá puede aprovechar para ponerse al día en su correo electrónico.