Niñas y niños libres de basura calórica (parte 3)

Los recientes decretos legislativos adoptados en Oaxaca y Tabasco para prohibir la venta de bebidas azucaradas y alimentos envasados de alto contenido calórico a niñas y niños han movilizado a la opinión pública a debatir un tema que venimos arrastrando de tiempo atrás: la salud alimentaria de los mexicanos, en particular la de las nuevas generaciones.
En un reporte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitido en 2015, se informaba ya que el 65 por ciento de los mexicanos adultos tenía sobrepeso. Desde entonces, la cifra ha ido en aumento, ya que, de acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, el 75.2 de la población de 20 años o más padece de sobrepeso y obesidad. Más lamentable aún es que hemos transmitido nuestros deficientes hábitos alimenticios a nuestros hijos, ya que el 35.6 por ciento de los niños y niñas de cinco a 11 años padece de sobrepeso y obesidad.
Dado que la situación no es privativa de México, la OMS no solo declaró el sobrepeso y la obesidad como un problema de salud pública, sino que también lo ha catalogado como una epidemia mundial. Este flagelo social cobra la vida de 2.6 millones de personas al año a través de enfermedades cardiovasculares, diabetes y ciertos tipos de cáncer.
En su libro «Comida chatarra: entre la gobernanza regulatoria y la simulación», Laura Beatriz Montes de Oca asocia esta epidemia con la sociedad de consumo en la que vivimos, ya que “la lógica expansiva del capitalismo modela la vida cotidiana”. La autora, quien forma parte del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, estima que el sobreconsumo de comida altamente industrializada con alto contenido calórico se origina en los hábitos alimenticios y en un estilo de vida consumista.
A manera de ejemplo, México ocupa el octavo lugar entre 54 países (con economías desarrolladas y emergentes) en el consumo diario per cápita de azúcar, que es de 73 gramos, cifra que sobrepasa la recomendación de la OMS de no ir más allá de los 50 gramos diarios.
Para alertar a la población sobre estos riesgos, se formó la Alianza por la Salud Alimentaria, que conjunta un amplio abanico de asociaciones civiles, organizaciones sociales y profesionistas preocupados por los estragos de esta epidemia, que afecta sobre todo a las familias más necesitadas.
En un manifiesto emitido por este organismo, se denuncia “la permisividad para que la promoción y mercadeo de la comida chatarra y los refrescos se impongan en todo el entorno de las comunidades urbanas y rurales”. Exige también de los poderes Ejecutivo y Legislativo implementar acciones como las siguientes: garantizar que al interior de los planteles educativos únicamente existan opciones saludables de alimentación para niños y niñas; prohibir toda publicidad de alimentos y bebidas industrializas orientada a los menores de edad; establecer un etiquetado obligatorio para todos los alimentos y bebidas chatarra que indique con claridad y sencillez su contenido real de azúcar, grasas trans y sodio, así como impulsar una campaña nacional de orientación alimentaria, masiva y permanente. Puedes obtener una copia gratuita de este documento en: https://alianzasalud.org.mx/manifiesto/.