La iglesia tiene miedo: vicario parroquial

El vicario parroquial del Sagrado Corazón de Jesús advirtió que la Iglesia Católica padece miedos que le impiden levantar la mirada para afrontar los retos de la actualidad

La iglesia ha empezado el tercer milenio con muchos temores, que paralizan e impiden la capacidad de levantar la mirada para ver de frente retos de la actualidad, manifestó el vicario parroquial del Sagrado Corazón de Jesús, Rafael Gavidia, durante la homilía de este domingo 8 de marzo, quien afirmó que estos miedos también están nulificando a los gobiernos y a la sociedad.

“El primer miedo es a lo nuevo… Tenemos que atrevernos, tenemos que experimentar cambios profundos y radicales en la iglesia misma, la iglesia tiene que renovarse todos sus días, una iglesia renovada en Cristo, porque esa es la transfiguración, eso es la Gloria de Dios”.

Desde el ejemplo, dijo, existe la necesidad de reconocer y darle a la mujer un lugar más acorde en la Iglesia Católica.

«¿En dónde está la mujer en la iglesia? ¿Solo como espectadora?, ¿En dónde están las mujeres en nuestra la sociedad?, solamente están siendo violentadas, démosles el lugar que les corresponde desde el espíritu de Cristo… darles derechos, respeto, Cristo no las humillo, no ultrajó, no la apedreo, tenemos que hacer exactamente lo que hizo Cristo, darle un lugar a la mujer, que no se le da».

Expresó que otro temor es el miedo a callar cuando se tiene que hablar: «Somos una iglesia callada, silenciada por los poderes que existen y por los intereses mezquinos que la iglesia tiene, que los paralizan, que atan las manos a los eclesiásticos, incluyendo a los de la alta jerarquía y también a los fieles».

Otro miedo, afirmó, es a la investigación teológica, a un Dios de amor, que pide justicias y libertades, como las que exigen las mujeres violentadas.

También destacó el miedo social, eclesiástico y gubernamental a hablar de los derechos humanos: «Para qué hablamos de los derechos humanos, si ponemos alguien a modo para que nos aplauda y no nos señale nuestras injusticias y nuestros excesos en la iglesia, gobierno y con nuestra sociedad».

A la sociedad se refirió exponiendo: “A Cristo se le mata en las mujeres que se matan en las calles y en sus hogares”. En ese tenor, también hizo un llamado a las mujeres a cuidar de otras mujeres desde su vientre.

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