Elsa Méndez, ni víctima ni mártir…

La diputada local del PES, Elsa Méndez Álvarez, se victimiza con el argumento de que la “intimidan” por su condición de mujer o por estar a favor de la vida y la familia.

Ella y sus abogados arguyen una persecución política por parte del PAN, la fuerza política que la llevó al cargo que hoy ocupa; y legal, para lo cual ─aseguran─ han utilizado a activistas para denunciarla por las vías penal y electoral… lo cual, por cierto, resulta francamente ridículo; dado que esos activistas se han manifestado precisamente en contra de los conservadores… como es el caso de Acción Nacional.

Así las cosas, la semana pasada armaron tremendo alboroto ─con transmisión en vivo en redes sociales y una rueda de prensa─ para informar de la existencia de una “probable” carpeta de investigación en su contra; por lo que acudieron a la Fiscalía para, en ejercicio de su derecho de petición, saber si existía tal carpeta de investigación y de qué se le acusaba.

Al día siguiente, el Fiscal General Alejandro Echeverría confirmó la existencia de una denuncia y de una investigación contra la legisladora, las que obedecían -subrayó- a una vista que dio la Defensoría de los Derechos Humanos de Querétaro, por el delito de discriminación.

Luego, la presidenta de la Defensoría de Derechos Humanos de Querétaro (DDHQ) ─Roxana de Jesús Ávalos─ corroboró que tras la recomendación que había emitido en contra de Elsa Méndez, el año pasado, por vulnerar los derechos humanos de las personas pertenecientes a la comunidad LGBT+, denunció el hecho ante la Fiscalía: “La Ley de Derechos Humanos establece que, si la Defensoría tiene conocimiento de algún delito, tendrá que dar vista a la Fiscalía y eso fue lo que se hizo en esta probable comisión de un delito”.

Seguramente la legisladora y su equipo jurídico sabían de qué se trataba, porque ella rechazó ─con el argumento de que “tiene libertad de pensamiento y expresión sin que esta pueda estar sujeta a censura ni responsabilidades ulteriores, salvo las que estén fijadas expresamente por la ley, sin que se le pueda restringir éste por el uso de controles oficiales o particulares o cualquier otro medio encaminado a impedir la comunicación de las ideas…”─ la Recomendación (233) 5/2019 y el acuerdo de responsabilidad formulado por la Defensoría, una vez que el organismo hubo resuelto un ejercicio abusivo de su libertad de expresión.

Así que se equivoca la diputada, porque la propia DDHQ ─que para eso existe─ comprobó que ella había emitido comentarios homofóbicos, incitando al odio hacia el colectivo LGBT+… se equivoca, porque la libertad de expresión tiene límites ─así lo consagra la Constitución─ y ella ha sobrepasado estos límites.

Se equivoca porque, además, en su calidad de servidora pública ─y con la investidura de diputada─ tiene mayores responsabilidades en cuanto a su libre expresión de las ideas… se equivoca porque nadie le está negando el derecho a pronunciarse a favor de la vida y la familia; lo que se le está refutando es que tenga la facultad de violar el derecho a la igualdad y al trato digno de esa comunidad, o de cualquier otra… se equivoca porque, a pesar de sus creencias, está obligada a respetar las leyes que juró cumplir al asumir el cargo.

Se equivoca al presentarse como si fuera una “mártir”, porque lo único que la DDHQ le recomendó fue que en las manifestaciones que realizara “en su calidad de servidora pública, ya sea de forma verbal, escrita o a través de sus redes sociales, no se materialicen expresiones discriminatorias” y que dirija su actuar como diputada “acorde con la obligación de todas las autoridades de respetar, proteger y promover los derechos humanos de todas las personas, sin distinción alguna”.

… Se equivoca también si cree que puede gozar de impunidad ante un presunto delito; por supuesto, una vez que este sea debidamente probado.

P.D. “Todos somos seres humanos, tenemos dignidad. Si una persona tiene una tendencia u otra, esto no le quita la dignidad como persona”. Papa Francisco