Suerte bondadosa y egoísta para Ed, que nunca estuvo ahí

Juan José Llamas Macías

“El hombre que nunca estuvo ahí” habla de muchas cosas, pero sobre todo habla de las múltiples posibilidades que la suerte nos da. Algunas veces podremos salir librados, pero quizá minutos, horas, o días después regrese envalentonada para dictar lo contrario… Difícil saber, así que más vale ser cautelosos.

La película narra un fragmento en la vida de Ed Crane y te va metiendo a la trama hasta que, sin darte cuenta, habrás firmado dos horas de tu vida aprovechadas de forma espectacular. Dentro de esta historia no profundizarás en metáforas o complejidades narrativas, así que tranquilo, se trata de un cine muy estadounidense con buenos diálogos y una premisa que va complicando las cosas de forma extraordinaria, teniendo que recurrir inclusive a elementos sobrenaturales para poder salir del embrollo en el que cae el protagonista. Intentaré explicarles de forma breve la situación sin recurrir al bendito ‘spoiler’: Ed sabe que su esposa Doris le es infiel con su jefe, Dave. Aprovechando la situación, decide meter en aprietos económicos a Dave y salir airoso del lugar donde su dignidad está siendo atropellada por un amorío de clóset, asociarse con un desconocido de peluquín para poner un negocio y olvidarse del pasado. Las cosas se complican para Ed con la repentina muerte de Dave y la desaparición del hombre del peluquín. A la historia se agrega la jovencita Birdy (amor platónico de Ed), que con el tiempo tendrá en sus manos (sin querer queriendo) la sentencia para la suerte del protagonista. La buena y la mala suerte descúbranla ustedes mismos en el filme. ¡Vaya sarcasmo narrativo el de los Cohen! En fin, un embrollo muy de Hollywood, aunque bien narrado y resuelto con un tinte fantástico aunque triste.

Me fascina cuando el espectador tiene información en sus manos que los personajes no, porque nos permite deducir un sinfín de posibilidades para resolver los conflictos. Pero únicamente la decisión del director será la que valga para resolver la trama. Eso me parece muy cinematográfico y en esta película se logra. Ed nos cuenta los momentos buenos y malos de su vida sin secretos y eso permite vivir junto a él alegría, tristeza, soledad, incertidumbre, deseo y un sifín de sentimientos más que van madurando en nuestro espectador hasta cerrar en donde jamás quiso estar.

Importante resulta decirles que la película es en blanco y negro y que tiene el sello característico de la puesta en cuadro del grandioso Roger Deakins y, por supuesto, de Joel Cohen en la dirección, ritmos, personajes, montaje y música. No caigan en la desesperación al pensar en la idea de ver una película en blanco y negro. La historia está ambientada en la decáda de los 50, pero más allá de eso, al terminar la película queda absolutamente justificada la falta de color. Una Scarlett Johansson juvenil y hermosa, un James Gandolfini majestuoso recordándonos las buenas epocas de “Los Soprano” y por supuesto un Billy Bob Thornton siempre en su personaje hacen de este filme algo que merece ser visto si de lo que se trata es de entretener la tripa un viernes por la noche, pandémico y poco común.

¡Hasta la próxima!

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