Un proyectil que dio en el blanco…

Andrés Manuel optó por la salida fácil ante los disturbios del pasado miércoles en el Capitolio, incitados claramente por su amigo -como él mismo lo ha llamado- Donald Trump: “Nosotros siempre hemos actuado con respeto a la política interna de otros países, así lo establece nuestra Constitución, son principios de política exterior la no intervención, la autodeterminación de los pueblos. No vamos nosotros a intervenir en estos asuntos que corresponden resolver, atender a los estadounidenses, esa es nuestra política. Eso es lo que puedo comentar”, declaró el día siguiente en la mañanera, tras la pregunta de un reportero.

Ello, a diferencia del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, quien el mismo día emitió su posicionamiento en Twitter: “Los canadienses están profundamente perturbados y entristecidos por el ataque a la democracia en los Estados Unidos, nuestro aliado y vecino más cercano. La violencia nunca logrará dominar la voluntad del pueblo. La democracia en los Estados Unidos debe mantenerse, y así será”.

Y a pesar de lo sucedido, López Obrador mostró más indignación por el bloqueo a los mensajes del presidente norteamericano en redes sociales que inducían a protestas violentas de sus partidarios: “Algo que no me gustó ayer de lo del asunto del Capitolio, nada más que respeto, respeto, pero no me gusta la censura, no me gusta que a nadie lo censuren y le quiten el derecho de transmitir un mensaje en Twitter o en Face, no estoy de acuerdo con eso, no acepto eso”.

“¡Cómo se va a censurar a alguien! ‘A ver, te castigo porque yo, juez, como la Santa Inquisición, considero que lo que estás diciendo es perjudicial’. ¿Dónde está incluso la norma?, ¿dónde está la legislación?, ¿dónde está reglamentado? Eso es un asunto de Estado, eso no es un asunto de las empresas”, agregó visiblemente molesto, para luego identificarse con la situación: “es un tema importante, porque aquí nos han querido censurar, bueno, hemos padecido de censura siempre”.

¿Será porque en realidad ambos están cortados con la misma tijera y sus pensamientos y acciones son muy similares, a pesar de que aparentemente sus ideologías van en sentidos diferentes?

Por ello, el tuit lanzado por la propia embajadora de México ante los Estados Unidos -Martha Bárcena- fue como lanzar un proyectil que con magistral puntería dio en el blanco: “Día de muchas lecciones que llaman a la reflexión: la importancia del cuidado de la democracia, los riesgos de la polarización, la importancia del respeto y la tolerancia”.

¿Acaso fue un “Te lo digo Juan, para que lo entiendas Pedro”, de alguien que en breve será sustituida en el cargo por Esteban Moctezuma Barragán?

En política no hay coincidencias, por algo el presidente se tomó su tiempo en la mañanera del “día después” para asegurar -con gesto adusto- que en México ¡no hay polarización!: “Tampoco existe, como lo pregonan, lo escriben, lo dicen nuestros adversarios de los medios de comunicación y los intelectuales orgánicos, que hay polarización, no existe eso en el país, solamente si la polarización la refieren a la cúpula, a la élite y al pueblo, en ese sentido sí hay polarización, pero que esté dividido el pueblo de México, no, hay unidad en la mayoría del pueblo, bueno, tan es así que sólo el 25 por ciento de la población les gustaría que yo dejara el gobierno, 70 por ciento quieren que yo continúe y cinco por ciento no han decidido. Entonces, ¿cuál polarización?”.

Sobre el populismo y el mesianismo político se ha escrito mucho; me limitaré exclusivamente a hacer referencia, como en ocasiones anteriores, a la encíclica “Fratelli Tutti” del Papa Francisco; en donde describe cómo en ocasiones se busca “Sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas y egoístas de algunos sectores de la población”, y “Esto se agrava cuando se convierte, con formas groseras o sutiles, en un avasallamiento de las instituciones y de la legalidad”… otro proyectil que dio en el blanco.