El poder creador de las preguntas (parte 1)

¿Cómo saber si Dios posee un sentido del humor? Fácil: ¿acaso no nos creó a los seres humanos? Si bien el chiste anterior no es del todo chistoso, me da pie para introducir el tema de hoy: el poder creador de las preguntas.
¿Qué es más valiosa, una pregunta o una respuesta? La respuesta es, desde luego, debatible, pues todo dependerá de la calidad de la pregunta y la validez de la respuesta. Lo que sí me queda claro es que la mejor de las respuestas no hubiese sido posible si no se le hubiera ocurrido antes a alguien articular la pregunta de la que esta surgió.
¿No te muestras del todo convencido? Considera entonces esto que estipuló el célebre antropólogo Claude Levi-Strauss: “El hombre sabio no es el que da buenas respuestas, sino el que plantea buenas preguntas”. En una vena similar, Voltaire argumentaba que había que juzgar a un individuo por sus preguntas más que por sus respuestas. Yo, en lo personal, me quedo con esta afirmación de Naguib Mahfouz, el primer Nobel de Literatura en lengua árabe: “Puedes darte cuenta si un hombre es astuto por la calidad de las respuestas que da, pero descubrirás al sabio por el tipo de preguntas que hace”.
¿De dónde surgen las preguntas? De la curiosidad humana. A Eva no se le habría ocurrido comer del fruto prohibido si la serpiente no le hubiese antes interrogado: “¿Estás segura de que Dios te dijo que no probaras de ningún árbol del Jardín del Edén?”.
¿Quiénes hacen las mejores preguntas? Sin duda los científicos y los periodistas. Sally Ride, la astronauta que se convirtió en la primera mujer en alcanzar el espacio exterior, opina de esta manera: “La ciencia es diversión y es curiosidad, si bien la curiosidad se da de manera natural en todo mundo. La ciencia es el proceso de investigar, de hacer preguntas e idear métodos, ya que busca profundizar”.
¿Hacer una pregunta es la única manera de obtener información? No, pero es claramente la mejor, por su poder heurístico. En términos simples, la heurística es un recurso del que podemos echar mano para estimular la creatividad por medio del pensamiento lateral o divergente. El término proviene del griego y significa “hallar, inventar”. Podemos preguntarnos, por ejemplo, ¿qué otro uso le podríamos dar a una llanta usada? Si la pintamos, bien podríamos convertirla en maceta decorativa. Y podríamos darles un segundo uso a los focos fundidos si los transformáramos, de manera imaginativa, en esferas navideñas.
¿De qué manera podemos optimizar el valor de una buena pregunta en el ámbito empresarial? En “El sorpresivo poder de las preguntas”, artículo publicado en “Harvard Business Review”, Alison Wood y Leslie John señalan que las preguntas constituyen una excelente herramienta para el aprendizaje y el intercambio de ideas innovadoras en las compañías.
¿Y cómo podría yo llevar a la práctica esta herramienta?, te preguntarás, lector/lectora. En la segunda parte de esta colaboración te compartiré algunas de las maneras en las que puedes utilizar el poder creador de las preguntas para favorecer el desarrollo de mejores productos o servicios dentro de tu organización.