Dolor del cuerpo, dolor del alma

No, no se trata de escribir sobre el dolor que canta el “poeta” mexicano Vicente Fernández. Se trata de entender el sentir que cada persona tiene sobre esa sensación que percibimos como dolorosa y cómo actuamos frente a ella. Es hablar de lo bueno ante algo malo que nos sucede y la manera en que debemos aceptarlo y afrontarlo. Todos en algún momento hemos sentido un dolor, corporal o emocional (sufrimiento), y hemos utilizado remedios como el “sana, sana, colita de rana, si no se quita hoy se quitará mañana”, el paracetamol, sugestión, tranquilizantes y, quizás, el alcohol con marihuana. Su duración puede ser momentánea o estar presente por días, meses, años (dolor crónico).
El dolor es la señal de que algo nos está dañando (de origen circulatorio, cutáneo, muscular, articular, óseo, vivencial o sin causa aparente) y nos lleva a realizar una acción para suprimirlo o disminuirlo. En algunos casos el dolor que sentimos puede ser tan intenso que nos lleva a incapacitarnos para realizar actividades cotidianas reduciendo la calidad de vida. Hay héridas muy dolorosas que nos cuesta trabajo “curar” o “expresar” libremente, ya sea porque ocultamos una enfermedad o porque tienen un significado muy especial (abandono o pérdida). Antes de que se nombrara a la fibromialgia como tal, los dolores de articulaciones y músculos eran relacionados a episodios de depresión y no a una causa biomédica.
Sin la presencia del dolor, no nos daríamos cuenta de una afectación a nuestro cuerpo-persona y no podríamos atenderla. ¿Le ha pasado que de pronto descubre un moretón en su pierna y al tocarlo siente dolor y no sabe por qué le pasó eso, con qué se golpeó? Y también ¿se da cuenta de que está enojada, irritable, triste o temerosa, sin saber la causa inmediata de esa emoción desagradable?
A menos que padezcamos el síndrome de Riley-Day (incapacidad de sentir dolor físico), el dolor nos lleva a reactivar mecanismos de defensa y adaptación que van dirigidos al exterior, sin darnos cuenta de que tal experiencia es un conflicto de nuestro interior. La tarea es entender lo que rechazamos, lo que nos aqueja, perdimos y agota, para dar explicaciones a lo que ha sido dañino para nuestra persona. El dolor es una señal que aparece cuando hemos postergado decisiones, nos hemos resistido a un cambio y su aparición nos lleva a reaccionar de determinada manera. El dolor es la razón de lo que no consideramos importante.
El dolor genera miedos y culpas que buscamos invalidar, por eso recurrimos a medidas paliativas, omisiones o a hipercontrolarlo. La mejor solución emocional es el uso de la ternura.
La medicación que se prescribe para dolor no siempre es eficaz o tarda en surtir efecto, por lo que se sugiere acompañar su tratamiento con sesiones de psicología para aprender a sobrellevar el dolor crónico y mejorar el estado de salud en general. Un cambio en el estilo de vida y actividades complementarias no deben verse como afectaciones del dolor que se padece, sino como una acertada respuesta a la señal que apareció en un momento inoportuno.
El consuelo que nos queda es que el dolor no es causa de muerte, pero sí la continuidad de impulsos nerviosos y de sucesos en nuestra historia de vida.

* Presidente del Colegio Estatal de Psicólogos de Querétaro, AC, y psicólogo clínico adscrito al Hospital General del IMSS-Querétaro.