Refúgiate en un ritual personal

No sé tú, lector/lectora, pero a veces siento como si la pandemia fuera una enorme piñata y yo, un niño que infructuosamente intentase pegarle para echarla a tierra. Porque, ¿quién no recuerda esas fiestas infantiles en las que el tío Pepe, trepado sobre la barda, y el primo Manuel, desde el techo, sostenían los extremos de una soga que hacían a la piñata subir y bajar de manera caprichosa? Y, entre más cercano sentíamos el golpe demoledor que la haría añicos, más se alejaba nuestra posibilidad de burlar a sus diestros operadores.
Tan lejos y tan cerca. Es la paradoja del Covid-19, ese esperpento cambiante que pareciese jugar a las escondidas con nuestra ilusión de noquearlo. Algunos, poseídos por devaneos de grandeza, han osado retarlo saliendo sin cubrebocas y burlándose socarronamente de la sana distancia. Tras comprometer su salud y la de aquellos a su alrededor, han pagado incluso con su vida.
¿Cómo, pues, romper la jettatura? En un ensayo publicado la semana pasada por «The New York Times», la articulista Kristin Wong sugiere algunas ideas de cómo ganarle un round al pandémico adversario. Una de ellas captó de inmediato mi atención: adopta un ritual personal. Wong sugiere este remedio inspirada en una investigación realizada por Michael Norton y Francesca Gino, de la Universidad de Harvard, quienes descubrieron que es posible sobrellevar mejor la pérdida de un ser querido si los deudos practican algún tipo de ritual para sobrellevar su pena. Esto se debe a que los rituales -sean estos religiosos, sociales, culturales- son una especie de oasis que mitiga la sed del sediento.
La propuesta de Wong me hizo recordar el más reciente libro del filósofo Byung-Chul Han, intitulado “La desaparición de los rituales”. En dicha obra, el pensador oriental plantea que es tan vertiginoso el ritmo de vida que llevamos, que pareciésemos gallinas sin cabeza dando tumbos desesperados. Han propone retomar la práctica del ritual para interrumpir nuestra enloquecida marcha.
“Los rituales dan estabilidad a la vida”, sostiene el sudcoreano, ya que transmiten y representan aquellos valores que mantienen unida a una comunidad. El problema, agrega, es que cada vez nos damos menos tiempo para practicarlos, por considerarlos obsoletos y aburridos. Dado que generalmente andamos a la búsqueda de nuevas experiencias y estímulos, le sacamos la vuelta a ceremonias rituales tan sustanciosas como la misa dominical o los festivales escolares.
Si bien es cierto que no sería buena idea retomar estas prácticas de momento, por aquello de las aglomeraciones, lo que sí podemos hacer es crear nuestros propios rituales. Les contaré uno que empecé a practicar hoy. Salí a la calle y me propuse descubrir, mediante el poder de la observación, 10 cosas a mi alrededor que hicieran mi momento más agradable. Pude así maravillarme con detalles cotidianos que iban desde las ramas de los árboles mecidas por el viento, hasta el alegre andar de una pequeña, ataviada con un gorro azul, que pasó acompañada de sus padres.
¿En qué ritual personal crees tú que podrías refugiarte?