Llevan al niño con el psicólogo

Una de las tareas psicológica más complicadas es la atención a niños y niñas. Generalmente son los padres quienes los llevan con el psicólogo, ya sea por iniciativa propia o por mandato del profesor de la escuela “al presentar un mal comportamiento en casa, no estudiar como se debe, tener algún síntoma o padecimiento biológico; son desobedientes, no cumplen con sus obligaciones”, entre los motivos más comunes. Sin embargo, la atención a menores implica entender la relación del niño o niña con la persona que lo cuida, porque en la subjetividad en la relación entre ellos están implicados todos los aspectos emocionales, capacidades y motivaciones de los infantes. La capacidad de los padres para transformar los afectos, las actitudes, las conductas, las palabras y las caricias interpersonales pude explicar cuándo hay un trastorno temprano y el tipo de apego en el niño con respecto a ellos y, a futuro, con las demás personas sociales.

Las diversas teorías que hay para entender el desarrollo psicológico del niño y la niña están fundamentadas en perspectivas del aprendizaje, la herencia, la maduración cognitiva, la neurociencia y el psicoanálisis. El disfrute y la frustración no solo son emociones conscientes, corporales, sino también básicamente inconscientes. Pensemos en un niño con estado de ansiedad,  producto de una desagradable experiencia que él no recuerda, pero que ha generado una reacción en el hipocampo y en la amígdala suficiente para querer evitar regresar a la escuela o para mojar la cama por la noche.

Conocida es la función de la madre, como primera cuidadora, para regular estados emocionales y fisiológicos de su hijo, mismos que llega a confundir y tratarlos por igual, a pesar de la sensibilidad e intuición para identificar lo que su hijo siente y expresa.

La discrepancia entre autores lleva a entender una problemática como una lectura simbólica inconsciente o una transmisión subcortical en el cerebro o como el inicio de la comunicación social. Por ello es que los trastornos de ansiedad en la infancia deben mirarse de manera multifactorial, en donde la participación de los cuidadores y los nuevos escenarios sociales participan de manera decidida.

Una terapia infantil sin la observación del vínculo con los padres suele no tener buenos resultados, pues se dejan de lado la identificación, fantasías y regulación de estados emocionales entre ellos. De esta manera, el comportamiento y desempeño de los niños y las niñas se van creando a partir de las experiencias con las personas que están a su cargo. En ese sentido, de acuerdo con el principio relacional, el estado neurótico de los padres determinará el equilibrio emocional de sus hijos. Para muchos, esta postura se ha dejado atrás considerando el desarrollo y autonomía de quien está en proceso de maduración de realidades (mundo físico, interpersonal y psíquico).

Si es complejo entender las problemáticas de los niños y niñas, lo es más los conflictos de los padres al momento de llevarlos como pacientes ante un psicólogo. Sentimientos de culpa e impotencia ante la conducta infantil se vuelven cómplices de los deseos agresivos o deprimidos que van a ser depositados en el terapeuta. Al llevar a un niño o niña al psicólogo debe plantearse también la asistencia de los padres a cumplir un proceso terapéutico para ellos. Modificar en esencia los deseos de un menor y regresarlo al contexto familiar disfuncional es solo ocultar conflictos mayores de salud mental.

En estos contextos de pandemia, el confinamiento ha contenido a muchos niños y niñas en conflicto. El vínculo relacional se ha transformado y desplazado hacia los padres o cuidadores. En un futuro inmediato, ¿quiénes serán los primeros en llegar a un consultorio de psicología: los padres o los hijos?

* Presidente del Colegio Estatal de Psicólogos de Querétaro, AC, y psicólogo clínico adscrito al Hospital General del IMSS-Querétaro.