El cuidador y su enfermo en casa

Ante las nuevas condiciones por la pandemia y la limitada atención médica de enfermedades crónicas, por parte de las instituciones públicas de salud, es común tener un familiar enfermo en casa y un cuidador al pendiente de él. Una o varias personas asumen la responsabilidad total en la atención y el apoyo diario a esa persona que se ha vuelto dependiente para realizar muchas actividades cotidianas. El cuidador (como se le conoce) tiene a su cargo a otra persona, anciana por ejemplo, enferma de demencia senil, con parálisis, con alzhéimer, o bien, con enfermedades crónicas que le producen también invalidez y dependencia, como es el padecer insuficiencia renal, Covid-19, alcoholismo, depresión, esquizofrenia, accidente vascular cerebral, etcétera.
Las características de una persona que cuida generalmente la ubican en una edad de 45 a 60 años de edad, del sexo femenino y que también asumen el rol familiar de hija o esposa del paciente. Los hombres siguen siendo malos para cuidar enfermos, a menos que hayan estudiado para esa tarea. No siempre hay buena tolerancia, aceptación o preparación para cuidar a un enfermo, sobre todo si se tiene otra función, como trabajar o cuidar a otra familia, si ya no se está, por la edad, en condiciones de ocuparse ni de sus propios hijos.
Aunque el cuidado de un familiar puede ser muy gratificante emocionalmente, la obligación de cuidar a terceros puede aumentar una situación de estrés y sobrecarga que causa el exceso de trabajo, de pérdida de autonomía, tensiones, frustraciones, abatimiento y conflictos diversos, como los que se presentan con otros familiares que cuidan o debieran cuidar también a la persona enferma, pero que no apoyan de igual manera. El “síndrome del cuidador” es muy conocido en la atención médica de primer contacto, pues se caracteriza por presentar síntomas a nivel físico y psíquico, así como dilemas en el ámbito familiar y económico, por lo que el médico que atiende al enfermo crónico debe poner especial atención en sus cuidadores.
Cuando el bienestar físico y psicológico del cuidador pasa a segundo o tercer plano, comenzará la fatiga general y la responsabilidad que asumió o le asignaron, se estará desarrollando con deficiencia y riesgo. ¿Cuándo es ese momento? Cuando aparecen síntomas como: problemas de sueño, cansancio crónico, alteraciones del apetito, síntomas similares a los de la persona enferma, desinterés, aislamiento, irritabilidad, consumo excesivo de café o bebidas azucaradas, desánimo, llanto fácil, contracturas musculares y muchas otras señales que tienen un significado subjetivo para el cuidador.
Un factor importante que los cuidadores deben tomar en cuenta es el atender sus propias necesidades y cuidarse a sí mismos, pues esto favorece a mejores condiciones de salud física y psicológica, mayor afrontamiento y mejores cuidados a la enfermedad de su paciente. Pero sobre todo, ayuda a una mejor evaluación de los cambios y alteraciones psicológicas de él mismo como de quien cuida. También es importante pedir ayuda a familiares, parientes y servicios profesionales, evitando asumir toda la carga del cuidado, sin compartirla o delegar parte de ella. No olvide pensar en el futuro para anticiparse a los problemas que puedan ir presentándose por el avance de la enfermedad.
Quedarse en casa no ha sido la mejor opción para muchas personas, pero ya lo he escrito: es un reto que debemos asumir con entera paciencia, ternura y compromiso.

* Presidente del Colegio Estatal de Psicólogos de Querétaro, AC, y psicólogo clínico adscrito al Hospital General del IMSS-Querétaro.