Guapis

No sé en qué momento sucedió, pero estoy segura de que aún era una niña la primera vez que pretendí actuar como una mujer adulta, perdiendo el equilibrio con unos de esos tacones de plástico fosforescente que venden en el mercado. Y así como yo, muchas niñas crecieron jugando a convertirse en muñecas seductoras de piernas largas.

En «GUAPIS», la directora Maïmouna Doucouré aborda el tema de la hipersexualización de las niñas, conflicto que pareciera ser contemporáneo, pero que tiene mucho tiempo gestándose: pensemos en la antigua Grecia, en «Justine» de Sade, en «Lolita» y Dominique Swain, en Natalie Portman, en los concursos de belleza infantiles… y bueno, la lista es interminable. La intención de Doucouré es necesaria, porque para resolver un conflicto que por años ha estado oculto, es necesario exponerlo; sin embargo, el guión y su ejecución terminan siendo sumamente pobres y por tanto la película acaba siendo morbosa.

La historia comienza con personajes complejos que nos invitan a conocer más sobre la cultura de los migrantes musulmanes en Francia. Es bajo este contexto que conocemos a Amy, una tierna niña que dibuja flores para su madre, quien parece no prestar atención de Amy y sus hermanos.

La cinta avanza y Maïmouna revela el catalizador del conflicto de la protagonista de 11 años: su padre, que sin consentimiento de su madre ha encontrado una segunda mujer con quien se casará en fechas cercanas. La madre de Amy se sume en depresión y la protagonista se ve forzada a cuidar de sus hermanos como si fuera su madre; al mismo tiempo, un grupo de niñas de su escuela y de su misma edad, comienza a llamar la atención de Amy por sus sugerentes vestimentas, su rebeldía y su obsesión por el baile trap.

A partir de este momento, la película pierde sentido y lo único que queda presente ante la audiencia son imágenes constantes de cuatro niñas menores de edad con vestimentas sugerentes y bailes sexualizados, y el uso constante de planos hacia las piernas, nalgas y rostros de las niñas pone a cuestionar si algún adulto de la producción vio por el bienestar de las actrices menores de edad.

Existen otros filmes que también abarcan temas sensibles en cuanto a la infancia de formas mucho más impactantes sin la necesidad de poner en peligro a los actores niños, por ejemplo, «Las elegidas», de David Pablos, en donde la forma de abordar la trata infantil es sumamente dolorosa de mirar, pero siempre protegiendo la integridad de los menores, cosa que es imperceptible en “GUAPIS”.

Después de ver a una Amy cada vez más rebelde, intentando escapar de un destino como el de su madre, casi por omnipresencia divina, la protagonista resuelve sus conflictos en segundos y con una madurez que cualquier adulto envidiaría, por lo que la película resume de forma irresponsable e inverosímil, puesto que cuando un niño pasa por una crisis como la de Amy, necesita acompañamiento de los padres, familia y muchas veces incluso de psicólogos.

Siempre es necesario ver la obra fílmica completa para realmente poder emitir una opinión al respecto, sin embargo, en esta ocasión el alboroto que hubo en redes en contra de “GUAPIS” está completamente fundamentado, puesto que la película no ofrece soluciones y en su mayoría solo sexualiza a las actrices, cosa que, si me preguntan a mí, debería ser investigada.

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