Psicoterapia de pareja

El amor une personas en pareja y ese mismo sentimiento puede llegar a separarlas. Quienes han constituido la pareja, hasta el momento, se acusan o cuestionan de quién puede ser responsable de la separación, sin dar cuenta que el causante de tan lastimosa situación fue el amor que terminó. Si hubiese otro motivo que forme a la pareja, el cambio de expectativas y de intereses sería suficiente para romperla.

El cuestionable amor romántico y la atracción sexual han decretado el derecho de elegir a otra persona como pareja, a costa de la misma libertad individual. Aunque hay que considerar la influencia de los sentimientos y otros elementos misteriosos y “esotéricos” para que dos personas establezcan un apego, que puede llegar a la simbiosis.

En la búsqueda de la libertad, el amor romántico se transforma en amor moral, en el que la obligación y la responsabilidad se impregnan en la pareja para hacer vida cotidiana y crianza de hijos. Frases como: “cuando dos personas se aman, con una que coma basta” y “somos tan afines que formamos una sola persona” son tan falsamente mágicas como la creación intencional en laboratorio del Covid-19. Esta perspectiva no es bien entendida por las parejas, lo que causa que las dificultades y problemas sean un conflicto permanente en muchas de ellas.

Cuando hablamos de “problemas de pareja” no significa que estemos ante un trastorno mental o enfermedad, a pesar de que requieran de atención clínica psicoterapéutica. Un problema de pareja puede sí tener un alto nivel de sufrimiento emocional y, muchas veces, manifestarse con dolores físicos de difícil manejo médico, sin descartar el importante impacto hacia los hijos cuando se tienen.

Para abordar las crisis de pareja, motivadas por diversos factores (afectivos, enfermedades, económicos, sexuales, religiosos, crianza de hijos,
familiares y por “amistades sexoafectivas”), la psicología ha especializado su intervención, que va de la simple orientación a la psicoterapia con enfoques variados.

El propósito es mejorar el funcionamiento de dos personas en el contexto de la relación romántica que comparten y, por lo tanto, implica realizar una evaluación de sus inicios y mantenimiento para modificar interacciones que no les resultan funcionales y satisfactorias. Recordemos que en la dinámica de las parejas no hay patologías, sino relaciones disfuncionales.

Entre las formas psicoterapéuticas que intervienen en parejas en conflicto están el sistémico, el humanista, el psicoanalítico, la sexológica y la terapia conductual, entre las más comunes. Cada una de ellas tiene su estrategia y técnicas de trabajo, dependiendo su objetivo (emocional, sexual, comunicación, violencia, conductual…) sin embargo, todas ellas buscan modificar lo que está generando el malestar y la disfuncionalidad de sus integrantes, para dotarlos de habilidades y resolver sus problemas cotidianos.

En ocasiones, una terapia de pareja no obtiene los resultados deseables, pues no se consideran los conflictos individuales como suelen ser contar con depresión, ansiedad, adicción, esquizofrenia u otro trastorno mental. También, como todo conflicto, la aparición de recaídas es adjudicada a uno de los integrantes y no a la dinámica de éxitos y fracasos de la relación de pareja.

Tener problemas de pareja no es el problema. El problema es no saber cómo tener problemas. Como en la terapia individual, sea un problema simple o complicado, la pareja debe asumir la capacidad para colaborar, comprometerse y facilitar el cambio deseado. Nunca es tarde para acudir con la o el psicólogo especialista en terapia de pareja.

* Presidente del Colegio Estatal de Psicólogos de Querétaro, AC y Psicólogo Clínico adscrito al Hospital General del IMSS-Querétaro.