Experimentan soledad y depresión durante confinamiento

El confinamiento a causa del coronavirus ha provocado tristeza y depresión en algunas personas que no han salido para nada de su casa durante cuatro meses

“Yo no me he enfermado de Covid-19, pero me pegó muy fuerte la depresión por la soledad en la que estoy desde hace cuatro meses”, son las palabras de Alejandra Rincón López, quien durante el confinamiento por el coronavirus no ha salido para nada de su casa.

“Desde que empezó todo esto de ‘quédate en casa’, del trabajo nos mandaron a casa a trabajar y aunque reconozco que no soy la más sociable y popular de mi lugar de trabajo, siempre estaba rodeada de otros compañeros que hacían amena la jornada laboral, pero ahora, estoy sola”.

Para Alejandra, los primeros dos meses fueron llevaderos, al intercalar las actividades laborales con las de casa: lavar, barrer, trapear y limpiar, pero un mes después, con ese silencio que la rodeaba, empezó a tener malos pensamientos.

“¿Realmente hay alguien que me extrañe?, ¿mis compañeros de trabajo sabrán cuál es mi función dentro de la empresa?, ¿y si algo me pasa y nadie se da cuenta porque estoy sola en casa?, ¿tendría que haber sido más sociable con la gente para que me incluyera en su círculo de amigos?, fueron algunas de las preguntas que comencé a hacerme, sobre todo porque paso mucho tiempo sola, pues no tengo padres, hermanos o hijos”.

La angustia, soledad y tristeza poco a poco invadieron a Alejandra, quien ya no aguantó más, al grado que dejó de comer, pues qué caso tenía hacerlo sola; dejó de hacer el aseo de su casa, pues sabía que nadie iría a visitarla, y dejó de dormir, pues los pensamientos negativos no la dejaban descansar.

Así como Alejandra, Martín Rodríguez Manzo también ha experimentado mucha tristeza y depresión por todo el tiempo que pasa en casa desde que hace ‘home office’ y, aunque procura mantener su mente ocupada, se da cuenta y reconoce que cayó en depresión.

“Ha sido muy difícil pasar tanto tiempo solo, porque me doy cuenta que estoy deprimido porque duermo mucho, no como porque no me da hambre y me siento muy triste, al grado de llorar por todo y por nada”.

Alejandra y Martín aseguran que necesitan ayuda, pero sobre todo reconocen que deben aprender a vivir solos.